Lcdo. Pedro Luis Ramirez
La interacción entre la reflexión filosófica y el compromiso político sugiere un esfuerzo deliberado y continuo por tender puentes entre la investigación teórica y las realidades socio-políticas.. Esta duplicidad de carácter no es una coincidencia profesional o académica; implica una convicción de que la filosofía debe abordar los problemas del mundo y que la política debe estar formada por una crítica teórica profunda.
El migrante, el extranjero, el Otro, aunque conceptualmente distintos, están interconectados en nuestros pensamientos, conformando un continuo de alteridad que interpela las nociones de identidad, comunidad y pertenencia.
Solo se puede encontrar genuinamente al extranjero fuera de uno mismo si primero se reconoce y se convive con el extranjero que se lleva dentro, porque hasta donde genetistas y arqueólogos explican la razón primera de la Humanidad comenzó a ir hacia otros territorios durante toda la evolución. La distancia, alejarnos de nuestras cunas, es inherente al hombre mismo. Desde esa premisa, la humanidad será fundamentalmente «extranjera para sí misma,» entonces la búsqueda de una autoidentidad estable y unificada será defectuosa y potencialmente violenta y peligrosa.
Esta condición se convierte en el fundamento mismo para relacionarse con la alteridad externa, llamémoslo migrantes, extranjeros u otros Esto genera un imperativo ético: la verdadera relación con el Otro debe respetar diferencias inasimilables, mientras refleja la diferencia inasimilable dentro de uno mismo. Esta perspectiva se opone a las tendencias simplistas y en ocasiones macabras a homogeneizar, asimilar o controlar al Otro, que predican el odio a todo lo extranjero, ya que reconoce los límites inherentes de tales intentos.
Hay contrastes entre los enfoques políticos que buscan controlar, filtrar o rechazar a los inmigrantes basándose en amenazas percibidas o falta de semejanzas. Las identidades europeas, norteamericanas, sudamericanas y asiáticas si quieren mostrar coherencia y ética con valores liberales y democráticos, deben abrazar otra forma de relación con el inmigrante, el extranjero y el Otro.
Hasta ahora crece el prejuicio del migrante como la causa de un trauma, un trauma nacional, étnico, de poder, que jaquea la Historia, esencia y destino. Este trauma no es un simple accidente, sino una marcada interrupción de la vida En el DSM-5, el «trauma» se refiere a la exposición a muerte o amenaza de muerte, grave lesión o violencia sexual. Esta exposición ( diseñada o fantaseada para justificar,) puede ocurrir al presenciarla en otros, al enterarse de ella en un familiar cercano, o por exposición repetida a detalles aversivos de eventos traumáticos. De esto último se encargan las redes sociales, los medios de comunicación y la sociedad del espectáculo. Desde ahí controlan esta virulenta y febril patología transversal
La mejoría (perdone el abuso de términos) se presenta como movimiento hacia el otro. En 2024, el Papa Francisco propuso cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar como una invitación a todas las “personas de buena voluntad” que elijan vivir en la fraternidad universal como respuesta a la situación de la migración forzada, entre otras situaciones del mundo actual. Incluso, se definió como “pecado grave” el rechazo al inmigrante. Millones de católicos, protestantes y católicos, así como distintos gobiernos, eligen la condenación antes que la fraternidad. <Talis est vita,Ita est mundus >.
Cada persona o cosa es extranjera porque está constituida por la diferencia, por una diferencia inherente y un proceso cambiante del devenir. Esto significa que la extranjería no es una amenaza externa, sino una condición intrínseca de la existencia, lo que proporciona un argumento contra la xenofobia, ya que enmarca el rechazo del extranjero como un rechazo de un aspecto fundamental de la realidad misma, en la cual la sociedad que teme lo extranjero, en última instancia, teme su propia naturaleza dinámica y diferenciada. Somos venezolanos desde la Independencia, pero somos los mismos que aquellos e igualmente diferentes a los del futuro; sin embargo desde nuestra gesta hasta los años que rondamos seremos venezolanos. El cambio en la identidad es una constante de la Historia.
El mundo exige buenas políticas de acogida que favorezcan flujos de inmigración racionales, bien controlados y gestionados, no como acto de generosidad, sino para comprender que todo es necesario, diverso, múltiple y nuevo. A largo plazo, migrantes, extranjeros y otros son contribuciones, oportunidades, innovaciones, invenciones.
La inmigración no es una cuestión moral ni humanitaria, sino como un imperativo estratégico para la supervivencia. Los indicadores económicos, sociales, demográficas y educativos en los países de acogida favorecen holgadamente la migración de, más allá de las batallas emocionales o ideológicas.
Quiero preguntar a Donald Trump: ¿dónde están los blancos que trabajan en los campos de California, Texas, Kansas y Carolina del Norte? ¿las rubias platinadas que cuidan niños, limpian casas, oficinas y fábricas? ¿los WASP en las construcciones, parques y jardines?. Desde palacios, ministerios y agencias la narrativa nacionalista o racista idealizan una fuerza laboral homogénea, «nativa», original, insuperable mientras ignora las realidades demográficas y las necesidades laborales reales que exponen las vulnerabilidades de los sistemas, pero que ademas enmarcan la inmigración no como una carga externa, sino como una necesidad interna para aquellos países, pero lo absurdo y la naturaleza autodestructiva de las ideologías xenófobas son desnudadas y exhibidas por los choques entre la realidad demográfica contr la fantasía ideológica de una fuerza laboral nacional victima de la fuerza laboral inmigrante, extranjera, del Otro.
Tal vez, debido las expansivas y poderosas Inteligencias Artificiales, el futuro de las migraciones, los odios y adhesiones cambiarán de teatros. La movilidad será más compleja y sofisticada que las temeridades, imprudencias, violencias y muertes entre «los coyotes», las pateras por el Mediterráneo, los incontables caminantes que huyen de un lugar fantasmal y las filas y filas de familias y aventureros entre selvas, lodazales y ríos.
Como analizan Yanis Varoufakis, Shoshaba Zuboff Jorge Majfud y Cédric Durand, las fronteras de imágenes y voces se trazarán desde los algoritmos y las supercomputadoras por los señores tecnofeudales, jerarcas de las sociedades de la era digital y la economía globalizada, que evolucionaron del capitalismo neoliberal a una forma de feudalismo tecnológico, aún embrionario pero ya descomunal.
Migrante, Extranjero, Otro
Identidades, xenofobias y auroras boreales
La interacción entre la reflexión filosófica y el compromiso político sugiere un esfuerzo deliberado y continuo por tender puentes entre la investigación teórica y las realidades socio-políticas.. Esta duplicidad de carácter no es una coincidencia profesional o académica; implica una convicción de que la filosofía debe abordar los problemas del mundo y que la política debe estar formada por una crítica teórica profunda.
El migrante, el extranjero, el Otro, aunque conceptualmente distintos, están interconectados en nuestros pensamientos, conformando un continuo de alteridad que interpela las nociones de identidad, comunidad y pertenencia.
Solo se puede encontrar genuinamente al extranjero fuera de uno mismo si primero se reconoce y se convive con el extranjero que se lleva dentro, porque hasta donde genetistas y arqueólogos explican la razón primera de la Humanidad comenzó a ir hacia otros territorios durante toda la evolución. La distancia, alejarnos de nuestras cunas, es inherente al hombre mismo. Desde esa premisa, la humanidad será fundamentalmente «extranjera para sí misma,» entonces la búsqueda de una autoidentidad estable y unificada será defectuosa y potencialmente violenta y peligrosa.
Esta condición se convierte en el fundamento mismo para relacionarse con la alteridad externa, llamémoslo migrantes, extranjeros u otros Esto genera un imperativo ético: la verdadera relación con el Otro debe respetar diferencias inasimilables, mientras refleja la diferencia inasimilable dentro de uno mismo. Esta perspectiva se opone a las tendencias simplistas y en ocasiones macabras a homogeneizar, asimilar o controlar al Otro, que predican el odio a todo lo extranjero, ya que reconoce los límites inherentes de tales intentos.
Hay contrastes entre los enfoques políticos que buscan controlar, filtrar o rechazar a los inmigrantes basándose en amenazas percibidas o falta de semejanzas. Las identidades europeas, norteamericanas, sudamericanas y asiáticas si quieren mostrar coherencia y ética con valores liberales y democráticos, deben abrazar otra forma de relación con el inmigrante, el extranjero y el Otro.
Hasta ahora crece el prejuicio del migrante como la causa de un trauma, un trauma nacional, étnico, de poder, que jaquea la Historia, esencia y destino. Este trauma no es un simple accidente, sino una marcada interrupción de la vida En el DSM-5, el «trauma» se refiere a la exposición a muerte o amenaza de muerte, grave lesión o violencia sexual. Esta exposición ( diseñada o fantaseada para justificar,) puede ocurrir al presenciarla en otros, al enterarse de ella en un familiar cercano, o por exposición repetida a detalles aversivos de eventos traumáticos. De esto último se encargan las redes sociales, los medios de comunicación y la sociedad del espectáculo. Desde ahí controlan esta virulenta y febril patología transversal
La mejoría (perdone el abuso de términos) se presenta como movimiento hacia el otro. En 2024, el Papa Francisco propuso cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar como una invitación a todas las “personas de buena voluntad” que elijan vivir en la fraternidad universal como respuesta a la situación de la migración forzada, entre otras situaciones del mundo actual. Incluso, se definió como “pecado grave” el rechazo al inmigrante. Millones de católicos, protestantes y católicos, así como distintos gobiernos, eligen la condenación antes que la fraternidad. <Talis est vita,Ita est mundus >.
Cada persona o cosa es extranjera porque está constituida por la diferencia, por una diferencia inherente y un proceso cambiante del devenir. Esto significa que la extranjería no es una amenaza externa, sino una condición intrínseca de la existencia, lo que proporciona un argumento contra la xenofobia, ya que enmarca el rechazo del extranjero como un rechazo de un aspecto fundamental de la realidad misma, en la cual la sociedad que teme lo extranjero, en última instancia, teme su propia naturaleza dinámica y diferenciada. Somos venezolanos desde la Independencia, pero somos los mismos que aquellos e igualmente diferentes a los del futuro; sin embargo desde nuestra gesta hasta los años que rondamos seremos venezolanos. El cambio en la identidad es una constante de la Historia.
El mundo exige buenas políticas de acogida que favorezcan flujos de inmigración racionales, bien controlados y gestionados, no como acto de generosidad, sino para comprender que todo es necesario, diverso, múltiple y nuevo. A largo plazo, migrantes, extranjeros y otros son contribuciones, oportunidades, innovaciones, invenciones.
La inmigración no es una cuestión moral ni humanitaria, sino como un imperativo estratégico para la supervivencia. Los indicadores económicos, sociales, demográficas y educativos en los países de acogida favorecen holgadamente la migración de, más allá de las batallas emocionales o ideológicas.
Quiero preguntar a Donald Trump: ¿dónde están los blancos que trabajan en los campos de California, Texas, Kansas y Carolina del Norte? ¿las rubias platinadas que cuidan niños, limpian casas, oficinas y fábricas? ¿los WASP en las construcciones, parques y jardines?. Desde palacios, ministerios y agencias la narrativa nacionalista o racista idealizan una fuerza laboral homogénea, «nativa», original, insuperable mientras ignora las realidades demográficas y las necesidades laborales reales que exponen las vulnerabilidades de los sistemas, pero que ademas enmarcan la inmigración no como una carga externa, sino como una necesidad interna para aquellos países, pero lo absurdo y la naturaleza autodestructiva de las ideologías xenófobas son desnudadas y exhibidas por los choques entre la realidad demográfica contr la fantasía ideológica de una fuerza laboral nacional victima de la fuerza laboral inmigrante, extranjera, del Otro.
Tal vez, debido las expansivas y poderosas Inteligencias Artificiales, el futuro de las migraciones, los odios y adhesiones cambiarán de teatros. La movilidad será más compleja y sofisticada que las temeridades, imprudencias, violencias y muertes entre «los coyotes», las pateras por el Mediterráneo, los incontables caminantes que huyen de un lugar fantasmal y las filas y filas de familias y aventureros entre selvas, lodazales y ríos.
Como analizan Yanis Varoufakis, Shoshaba Zuboff Jorge Majfud y Cédric Durand, las fronteras de imágenes y voces se trazarán desde los algoritmos y las supercomputadoras por los señores tecnofeudales, jerarcas de las sociedades de la era digital y la economía globalizada, que evolucionaron del capitalismo neoliberal a una forma de feudalismo tecnológico, aún embrionario pero ya descomunal.
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