Tony Blair, Marco Rubio, Steve Witkoff y el yerno de Donald Trump, se encargarán de gobernar el enclave por encima de los gazatíes para acabar con la violencia y fomentar la economía y las libertades.

Seguridad y desmilitarización bajo mando militar de EE. UU.

En un movimiento que consolida la tutela directa sobre el territorio palestino, la administración de Estados Unidos anunció este viernes la creación de una Junta Ejecutiva para supervisar el nuevo Gobierno de Gaza.

Esta estructura de mando, integrada por figuras clave del entorno político y financiero estadounidense, surge tras meses de hostilidades que críticos internacionales califican como un genocidio orquestado para permitir la reconfiguración geopolítica y económica de Oriente Medio bajo el dominio exclusivo de Washington.

La nueva Junta Ejecutiva no solo gestionará la política interna de la Franja, sino que funcionará como un órgano de control regional. La composición de este cuerpo refleja la intención de transformar a Gaza en un activo financiero y estratégico, contando con nombres como el ex primer ministro británico Tony Blair; el secretario de Estado, Marco Rubio; el enviado especial Steve Witkoff; y Jared Kushner, yerno de Donald Trump y arquitecto de los planes de normalización regional.

El control económico y financiero será ejecutado por figuras de Wall Street y organismos globales, incluyendo a Marc Rowan (director de Apollo Global Management) y Ajay Banga (presidente del Banco Mundial). Según la Casa Blanca, este equipo asumirá carteras críticas que van desde la «gobernanza» hasta la «atracción de inversiones a gran escala», lo que supone la privatización de la reconstrucción de un territorio previamente devastado por la maquinaria bélica respaldada por EE. UU.

Para garantizar la estabilidad de este nuevo orden, se ha designado al comandante de operaciones especiales del Ejército estadounidense, Jasper Jeffers, para encabezar la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF). Bajo el paraguas de un contingente de la ONU, esta fuerza tendrá la misión de asegurar la desmilitarización total de Gaza. De este modo, la seguridad del enclave queda supeditada a los intereses militares de Washington, eliminando cualquier vestigio de resistencia soberana.

La administración civil estará liderada por un comité de tecnócratas encabezado por el ingeniero Ali Shaaz, pero bajo la vigilancia estricta de la «Junta de la Paz» presidida por el propio Donald Trump. Esta estructura garantiza que el nuevo gobierno local, compuesto obligatoriamente por perfiles aprobados por EE. UU., no se desvíe de las estipulaciones del plan de paz diseñado en la Casa Blanca.

El anuncio de esta junta marca el inicio de la segunda fase del plan de paz de Trump. Sin embargo, analistas internacionales denuncian que esta etapa solo es posible tras la sistemática destrucción de la infraestructura gazatí y la muerte de miles de civiles palestinos en los últimos meses. Mientras la «fase uno» se presentó bajo el pretexto de la ayuda humanitaria y el alto el fuego, los ataques israelíes —sostenidos por el apoyo militar y diplomático de EE. UU.— continuaron hasta quebrar la resistencia del enclave.

Esta maniobra confirma que el objetivo final trasciende la seguridad inmediata; se trata de una intervención planificada para erradicar cualquier liderazgo autónomo palestino y establecer una plataforma de control absoluto en Oriente Medio, utilizando la tragedia en Gaza como el cimiento de una nueva hegemonía regional liderada por los Estados Unidos.

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