Claves ComPol XXX
Por: Orlando Goncalves

En la entrega anterior sobre las claves de la comunicación política, nos referimos a la campaña de tierra, y aquí insistiremos en el mismo tema, pero tocando otras aristas.
La campaña de tierra se refiere a todas las actividades proselitistas que se realizan en el espacio físico y territorial, como el contacto directo con los electores en sus hogares, espacios públicos o lugares de trabajo. El objetivo es establecer un vínculo emocional y de confianza que transforme la simpatía en un voto comprometido y, finalmente, en movilización de ese elector para la concretización del voto favorable.
Lo anterior implica que hay que realizar una labor de fidelización, que no es otra cosa que la construcción de una relación duradera con el votante. No se trata de un encuentro esporádico, sino de un seguimiento que permite al elector sentirse parte de un proyecto.
Para ello hay que segmentar la base de datos, la cual debe seguirse alimentando con la recolección que se haga a lo largo de los recorridos, con lo cual se puede llegar a la personalización del mensaje mediante la obtención del mejor perfil posible.
Todo el esfuerzo anterior conduce al paso final y más crítico: una campaña de tierra exitosa no solo busca convencer, sino asegurarse de que el simpatizante acuda a votar. Esto implica tener un censo claro de simpatizantes y un sistema de acompañamiento (llamadas, visitas, recordatorios) el día de la jornada electoral.
Para ello, hay que generar una segmentación geográfica y demográfica, es decir, conocer las zonas, sus problemáticas y el perfil de los votantes, con lo cual se asignarán los recursos de manera más eficiente para lograr los objetivos.
No menos importante es poner el foco en construir una red de voluntarios, ya que ellos pueden llegar a ser una fuerza importante para la campaña de tierra, por su capacidad de movilizar personas que por su influencia, conocimiento, posición o prestigio en la comunidad, tienen la capacidad de influir en la decisión del voto de otros integrantes de dicha comunidad.
Ahora bien, una campaña de tierra exitosa requiere de una coordinación centralizada, esto es: un “cuarto de guerra” o comando central que coordine las acciones territoriales con la campaña digital y de medios, asegurando que el mensaje sea consistente y sincronizado.
Es claro que, en el contexto actual de saturación digital como norma, la hiperconexión ha generado la paradoja de estar todos más comunicados que nunca, pero a menudo de manera superficial, fría y anónima. En este escenario, el contacto humano se convierte en un bien escaso, y por lo tanto altamente apreciado.
Mientras muchas campañas inundan las redes sociales con anuncios y banners, un candidato que toca puertas, mira a los ojos y escucha personalmente al vecino, genera una impresión imborrable y diferenciadora. Este acto demuestra respeto y compromiso, superando la barrera de las pantallas.
La desconfianza en las instituciones y en los mensajes masivos es alta. El contacto “de persona a persona” (cara a cara) es el método más efectivo para construir o recuperar la confianza. Es por ello que cobra importancia la recomendación de que los activistas tengan perfiles similares a los del elector (ej. estudiantes con estudiantes, campesinos con campesinos, etcétera), puesto que ese dialogo de igual a igual refuerza esta autenticidad.
Se ha comprobado que frecuentemente el voto se corresponde a una decisión emocional, y por ello las campañas conectadas reconocen que dicho voto no es puramente racional. La experiencia sensorial y emocional de un apretón de manos o una conversación en la puerta del hogar puede ser el factor decisivo que la tecnología por sí sola no puede replicar.
Si a lo anterior le agregamos que por distintos motivos en muchas campañas hay restricciones al acceso a medios tradicionales, la campaña de tierra se vuelve en la principal herramienta de comunicación. Por ello, un candidato que recorre el territorio tiene la oportunidad de conocer a los líderes comunales, de escuchar sus necesidades, anhelos y temores, y esto le ayuda a construir un capital político mucho más sólido que cualquier anuncio de televisión.
El uso de la tecnología de hecho potencia una campaña de tierra al permitirle microsegmentar el mensaje, a personalizarlo sin que se pierda fuerza ni emoción; así que la combinación de tecnología con la calidez humana junto al sentido común y el apretón de manos, es una formula poderosa a implementar en las campañas modernas si quieren tener éxito.
En conclusión, “Campaña de Tierra” lejos de haber muerto, sostiene que la política tradicional de contacto se ha vuelto más valiosa que nunca. En un mundo hiperconectado, pero emocionalmente desconectado, la mano tendida, la escucha activa y el compromiso personal siguen siendo las herramientas más poderosas para ganar una elección.
@OrlandoGoncal
