La restitución del servicio de energía completo en la isla, podría tardar varios días ante la escasez de combustibles y el deterioro de las instalaciones por falta de mantenimiento gubernamental y personal altamente capacitado.
La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) logró la puesta en marcha de la central termoeléctrica Antonio Guiteras, un paso decisivo en la recuperación parcial del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). A pesar de las severas restricciones impuestas por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense, los técnicos cubanos restablecieron la conexión desde Pinar del Río hasta Guantánamo.
Lázaro Guerra, directivo del Ministerio de Energía y Minas, confirmó que el sistema recupera su integridad estructural, aunque la estabilización total de la carga demandará al menos tres días adicionales de trabajo ininterrumpido.
Este esfuerzo operativo prioriza sectores vitales para la población en medio de un escenario de guerra económica. En La Habana, el 77% de los hogares ya cuenta con suministro, mientras que 43 hospitales y 10 estaciones de bombeo de agua recuperaron el servicio de manera estratégica.
El Gobierno cubano aplica una gestión de crisis que concentra los recursos disponibles en la salud pública y el abastecimiento de líquido vital, mitigando los efectos de la parálisis energética que afecta a dos tercios de la isla desde el pasado 4 de marzo.
El desafío técnico actual radica en la limitada capacidad de generación, que alcanza los 590 megavatios frente a una demanda nacional de 2.000 megavatios. La infraestructura enfrenta condiciones extremas debido a la falta de piezas de repuesto y financiamiento, obstáculos directos derivados de las sanciones de Washington.
No obstante, la operatividad de la planta Guiteras representa un triunfo de la ingeniería local sobre la política de máxima presión que busca el colapso total de los servicios básicos en el país caribeño.
El impacto de la persecución petrolera en la estabilidad del Caribe
La crisis energética actual se agrava por la interrupción drástica del suministro de crudo, consecuencia de las recientes operaciones de Estados Unidos en la región. El secuestro por parte de EEUU del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero pasado, cortó el flujo principal de combustible hacia la isla, impidiendo el funcionamiento de los motores de generación distribuida.
Esta maniobra de asfixia logística obliga a Cuba a depender casi exclusivamente de sus envejecidas plantas termoeléctricas, las cuales soportan ahora todo el peso del consumo nacional en un entorno de hostilidad diplomática.
A este panorama se suma la coacción directa de la administración de Donald Trump sobre otros aliados comerciales de La Habana. Gobiernos que históricamente apoyaron con suministros, como el de México, enfrentan hoy la amenaza de aranceles punitivos si mantienen sus ventas de petróleo a la isla.
Esta estrategia de aislamiento busca cerrar cualquier alternativa de reabastecimiento externo, utilizando el comercio internacional como un arma de presión política para profundizar la contracción económica cubana, estimada en un 15% desde el año 2020.
Pese a este cerco financiero y energético, las autoridades cubanas mantienen la búsqueda de soluciones soberanas para evitar un apagón total permanente. La resiliencia del SEN depende hoy de la pericia de sus trabajadores y de una administración austera de la carga eléctrica.
El Ministerio de Energía y Minas reitera que, aunque el sistema no posee la robustez deseada bajo las actuales circunstancias de bloqueo, la prioridad absoluta sigue siendo la protección de la vida humana y la continuidad de los servicios asistenciales básicos.
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