P. José Andrés Bravo H.
Esta semana es especial, contemplamos la vida con sentido trascendente. Una historia orientada hacia la Jerusalén Celestial. Jesús, el Dios-con-nosotros, nos invita a seguirlo por el camino del amor, de la entrega hasta el sacrificio de la Cruz. Sólo así entramos en la Ciudad Santa, donde reina Dios. Ahí se cumple en plenitud la profecía, se hace realidad el Misterio de la Salvación. En ella la buena noticia anunciada a los pobres, se cumple. Dios encarnado en la historia nos hace eternos.
Para recibir la Buena Nueva de la salvación, debemos ser pobres de espíritu. Es decir, despojarnos de las ambiciones del poder que oprime, del tener egoísta que despoja y mantiene sufriendo a nuestros hermanos, del placer morboso que ensucia el alma. El camino del Amor libera y nos conduce a la Jerusalén del Reino del Padre, porque nos conmovimos cuando vimos a Dios sufriendo en los empobrecidos y marginados, y nos acercamos para comprometernos en el servicio humilde del amor.
