La denuncia común entre las comunidades de La Guaira y Caracas es «el saqueo por parte de personal armado identificados como funcionarios policiales, que poniendo trabas registran como aves de rapiña los muebles de las estructuras colapsadas»

Alejandro Lermanda, líder del equipo de rescate Topos de Chile, advirtió que el nivel de destrucción en Venezuela «no es normal» y que muchos edificios en altura colapsaron por presuntas fallas constructivas. El rescatista, con más de 25 años de experiencia en catástrofes internacionales, también denunció que militares impidieron el reingreso de cuatro integrantes de su equipo —dos médicos y dos ingenieros estructurales— a la zona de trabajo en La Guaira

Alejandro Lermanda, líder del equipo de rescate Topos de Chile, calificó como «no normal» el nivel de destrucción que ha encontrado su organización en Venezuela tras el sismo, donde varios edificios de aproximadamente veinte pisos colapsaron por completo. En entrevista concedida a La Conversa de TalCual, El Pitazo, Runrunes y Efecto Cocuyo, el rescatista relató los hallazgos de su equipo en las labores que adelantan en La Guaira.

«Compararlo con Chile es una comparación bastante injusta», afirmó Lermanda, al señalar que la norma constructiva chilena está a la par con la japonesa, mientras que la venezolana es «bastante menor en términos de calidad». El especialista explicó que le sorprendió que edificaciones en altura —que regularmente no son las que colapsan en un sismo— «cayeron como una torre de dominó».

Según el relato de Lermanda, en uno de los edificios colapsados en La Guaira su equipo constató que el hormigón se desprendía con la mano «como si fuera arena». Además, aseguró que varias de las vigas horizontales de la estructura no eran de concreto, sino de un material similar al poliuretano inyectado —conocido en Venezuela como anime— recubierto por apenas cuatro o cinco centímetros de hormigón.

El rescatista también señaló inconsistencias en el refuerzo de columnas: mientras una tenía abundante enferradura, la columna contigua, que debía trabajar en conjunto con la primera, carecía de cierre. «Me llamaba la atención quién aprobó ese nivel de faltas en los procesos constructivos», dijo.

Lermanda fue enfático en aclarar que sus observaciones no constituyen un peritaje técnico formal. «Yo no he hecho un estudio, ni he hecho un estudio de construcción (…) Yo no he hecho un peritaje. Nosotros lo que hicimos fue rescatar gente», precisó, y agregó que lo que transmite «no es un juicio de valor ni un juicio político», sino lo que su equipo observó directamente. El rescatista dijo haber escuchado, sin poder confirmarlo, versiones de residentes sobre un presunto nivel de corrupción que habría permitido la construcción con materiales deficientes.

Militares impidieron reingreso de cuatro rescatistas

El rescatista denunció que cuatro integrantes de su equipo —dos médicos y dos ingenieros estructurales— salieron de la zona de trabajo y un militar apostado en el punto de control les impidió volver a entrar, pese a que mostraron pasaporte y otros documentos. Según Lermanda, el funcionario alegó tener «la orden de no dejar entrar a nadie».

El rescatista relató que, mientras su equipo atendía a un adolescente de 14 años con síndrome compartimental —una condición causada por aplastamiento que puede derivar en complicaciones renales, pulmonares o cardíacas si la persona es retirada sin la evaluación adecuada—, realizaron una videollamada y tomaron una fotografía para consultar con médicos externos. Al salir con el teléfono, dijo, «un soldado nos quitó el teléfono» alegando que la imagen «podía ser espionaje».

Lermanda atribuyó este tipo de episodios a dos errores que, según su experiencia, suelen cometer los países ante terremotos de gran magnitud: «politizar» y «militarizar» la respuesta. «En Venezuela yo he visto que hicieron las dos cosas», afirmó, y agregó que la decisión técnica en una emergencia de este tipo debe recaer en el especialista, «no el político de mayor alto rango» ni «el militar de mayor alto rango». Mencionó, sin precisar el contexto completo, el comentario de un coronel que vinculaba la situación con un presunto intento de golpe de Estado.

El rescatista concluyó que, ante ese escenario, su equipo opta por limitar su trabajo a la zona asignada para concentrarse en el objetivo de rescatar a personas con vida.

«Es lo peor que he visto después de Haití»

Con 54 años de edad y más de 25 dedicados a la ingeniería sísmica y la mecánica de suelos, Lermanda ha participado en cerca de 40 o 45 terremotos fuera de Chile, además de erupciones volcánicas y tsunamis. Formó parte del rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José en Chile, y ha trabajado en los tornados de Oklahoma, el huracán Katrina, y terremotos en Pakistán, Irán, Turquía, Argelia, Italia, Estados Unidos, México y Guatemala, entre otros.

El rescatista situó la devastación en Venezuela como la peor que ha presenciado después del terremoto de Haití de 2010. Sin embargo, marcó una diferencia: en Haití, dijo, existía una causa identificable, pues se construía con arena de playa y agua de mar, lo que explicaba la fragilidad de las estructuras. En el caso venezolano, afirmó, «algo pasó que alguien no fiscalizó» para que se permitiera construir con los materiales y técnicas que su equipo encontró.

Consultado sobre el rol de la sociedad civil en la respuesta a la catástrofe, Lermanda sostuvo que «nadie es dueño de una catástrofe» y que ningún país está completamente preparado para una emergencia de esta magnitud, «ni Estados Unidos, ni Chile». Explicó que, aunque su equipo despliega 44 especialistas, depende del apoyo logístico de cientos de voluntarios para tareas como retirar escombros, abastecer de agua y combustible, y sostener la operación mientras los rescatistas trabajan dentro de los túneles que excavan entre las losas —de allí, dijo, el apodo «topos».

Lermanda relató además que, en algunos casos, los propios residentes han colaborado dibujando en el suelo la distribución de sus apartamentos para orientar a los rescatistas sobre la ubicación de habitaciones y posibles sobrevivientes, información que calificó de «valiosa».

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