Dr. César Ramos Parra
Los países desarrollados se rigen por normas para organizar la vida en sociedad, las cuales se encuentran establecidas en la Constitución. La Carta Magna representa por tanto, el pacto social de obligatorio cumplimiento para todos los ciudadanos. Allí se plasman, entre otros aspectos, los Deberes y Derechos que debemos cumplir, gobernantes y gobernados, como forma de vivir en armonía, equilibrio y libertad. Esa sociedad democrática y de derecho, aún con sus imperfecciones, fue destruida por el chavismo, al arribar al poder y nos condujeron a una neoesclavitud, en la cual nos encontramos hoy.
Recuperar la Democracia, la Libertad y el Estado de Derecho, es la única forma de salir definitivamente de la barbarie a la cual nos llevó el chavismo. Es fundamental para los venezolanos, retomar la senda democrática, el Estado Social de Derecho y proceder, sin más demora, a restablecer los Poderes Públicos, comenzando por seleccionar, a través de la voluntad popular, al Presidente o Presidenta a quien se le dará el voto histórico de responsabilidad y liderazgo para dirigir la nación en una nueva era, conjuntamente con el cuerpo de legisladores, responsables de aprobar la legislación que norme el surgimiento de esa nueva sociedad Libre, Democrática, para derrotar la anarquía en la cual nos sumergió el chavismo opresor. Ese es el paso previo para designar luego, un TSJ AUTÓNOMO, que restablezca la legalidad y el resto de los poderes públicos, gobernadores y alcaldes, conforme a la Constitución. Eso sólo puede lograrse a través de elecciones libres y transparentes con respeto a la voluntad popular expresada en las urnas.
Las negociaciones que están en curso, no pueden ser un rosario interminable, de encuentros sin resultados demostrables. La crisis del país, es fundamentalmente de carácter político, al desconocerse la voluntad mayoritaria de la población, a la cual se le está postergando su ya tomada decisión, de excecrar del poder a quienes traicionaron su confianza, destruyeron sus instituciones, dilapidaron su riqueza y empobreciendo a la inmensa mayoría de la población. Luego de semejante tragedia, no es posible alcanzar una solución con quienes continúan aferrados y usurpando el poder, lo cual llevará mucho tiempo hasta esperar un deseable escenario de reconciliación.
La disposición espiritual de los venezolanos, pasando primero por el arrepentimiento de quienes agredieron y la disposición al perdón de los agraviados, será un proceso que llevará tiempo, más aún, cuando los personeros del régimen no ofrecen muestras de rectificación. La no liberación total de los presos políticos injustamente ultrajados en su libertad, los múltiples excesos cometidos por los esbirros del régimen, en TODOS los ámbitos, constituyen una demostración indubitable de ello. Ese dolor en el alma del pueblo ofendido, no desaparecerá de la noche a la mañana, menos por decreto o imposición de quienes conducen este proceso. Venezuela está ávida de comenzar a reconstruir, sin más demora, su marcha indetenible hacia el progreso, sepultando para siempre y sin mirar atrás, el oscurantismo de estos 27 años.
La marcha hacia la construcción de un Estado Moderno, Federal, Descentralizado, conforme a la Constitución, debe contemplarse dentro de las prioridades, para el surgimiento de una sociedad, participativa, como parte de la desconcentración del poder, condición sine qua non, para estimular la libre iniciativa, el impulso a nuestras fuerzas productivas y en definitiva, romper con el paternalismo de Estado. Debemos superar definitivamente el Estado Centralista, será el tránsito hacia una innovadora cultura nacional que posibilitará ser a los ciudadanos, más dueños de su destino y vía expedita para lograr el bien común.
Por ello, la reconstrucción nacional, debe comenzar, sin más demora, con la elección de un nuevo Presidente y una Asamblea Nacional, con poderes constituyentes.
La Comisión Negociadora, debe abocarse a la designación de un CNE confiable, representativo e imparcial, que establezca, sin más dilaciones, el cronograma electoral, restituyendo los derechos de los partidos políticos y la libre participación de la ciudadanía, en el país y el exterior, con un registro electoral depurado, para la escogencia del Poder Ejecutivo Nacional y La Asamblea Nacional. Serán esas instancias, revestidas de legalidad y legitimidad, a quienes les corresponda dirigir el proceso de reconstrucción nacional, con la participación abierta de todos los sectores nacionales, en cuyo esfuerzo, todos nos sentiremos representados. Mantener en un cenáculo el destino de un pueblo, harto de los engaños y las manipulaciones, aún cuando presumamos su buena fe y agradecemos su esfuerzo, no es la mejor opción para tomar decisiones tan importantes, que comprometen nuestro destino.
Es tiempo de abrir el juego: ¡ELECCIONES YA!
Profesor Universitario de LUZ.
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