José Ernesto Pons Briñez
La cultura venezolana puede describirse como informal, humorística y frecuentemente irreverente, sobre todo frente al poder y la solemnidad; pero esa irreverencia convive con tradiciones conservadoras y fuertes lealtades familiares y comunitarias. La frase venezolana “no vale”, el chiste político, la sátira y la tendencia a rebajar simbólicamente a quien pretende mostrarse demasiado importante o impositor, esta es la expresión “natural” de esa irreverencia.
El venezolano posee intrínsecamente una cultura irreverente, es aquella que tiende a:
Cuestionar las autoridades, las normas y las jerarquías. Tratar con humor o familiaridad asuntos considerados solemnes, usar la burla, la ironía y el doble sentido para criticar el poder. Valorar la espontaneidad por encima de la formalidad como, desafiar las convenciones sin aceptar fácilmente el “siempre se ha hecho así”. Hay que resaltar para que nos entendamos, La irreverencia no significa necesariamente falta de respeto. La psicología social podría calificarla como una forma de libertad crítica, aunque también, puede convertirse en cinismo, agresividad o desprecio en ocasiones.
¿La cultura venezolana es irreverente? En buena medida, sí, pero no de manera absoluta ni uniforme. En Venezuela hay una fuerte tradición de: Humor, confianza rápida y trato informal, se manifiesta constantemente en apodos, bromas y doble sentido. Una constante es la Crítica mordaz hacia políticos, instituciones y figuras de autoridad. He allí, percibimos “el pelón estratégico” de Donald Trump y Marcos Rubio.
“A la Venezolana” es una expresión del sentir venezolano, es real y efectiva, manifestándose como la capacidad de “resolver” al margen de los procedimientos formales los asuntos complejos, como simples. María Corina Machado, sencillamente manifestó en ese sentir, una gran verdad que encierra lo “bio-psico-social y “cultural” de todo un pueblo. Los anglosajones este sentir es poco aceptado dentro de sí.
Sin embargo, hay que destacar, que en Venezuela también conserva rasgos jerárquicos, religiosos, familiares y respetuosos de ciertas figuras tradicionales. La irreverencia cambia según la región, la edad, la clase social, la educación y el contexto. Una persona puede ser muy irreverente con los políticos, pero bastante tradicional en la familia o la religión. Esta peculiaridad, es parte de esta particularidad en la conducta social del venezolano, eso nos hace diferentes y únicos.
El juego que se han planteado entre el Presidente Donald Trump y Delcy Rodríguez carece en esencia del espíritu constitucional, ese peso proporciona una base muy débil para sostener todo lo que pacten, firmen y planifican a favor de alguno de los dos. Estamos en espera de una fecha para celebrar unas elecciones. Mientras se define, se verá como “a la venezolana” el pueblo asume el reto tras la salida de los Rodríguez y el chavismo en general.
La ONU fue el escenario que va vislumbrando la verdadera cara de una relación circunstancial, sedienta de justicia. Pero, fue un acto de ganar-ganar, tanto para El Presidente Trump y María Corina Machado, no así, para Los Rodríguez y el resto del chavismo traidor. Es así, que la dinámica no se detiene y va ubicando a cada quien dentro del marco de cada quien. Los tiempos de Trump, no son los tiempos del país.
Dr. José Ernesto Pons B. /@JosePonsB/ Investigador y Profesor Universitario Venezolano.
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