Dr. César Ramos Parra

 A los venezolanos de bien, que somos la mayoría, nos sobra dignidad y lo hemos demostrado con gran estoicismo ante el aparato represivo montado desde el Estado.

​Al analizar las circunstancias que nos ha correspondido vivir, desde la etapa postdemocrática hasta hoy, ratificamos nuestra fe en el Señor, tal como lo hiciera el noble pueblo de Israel bajo la esclavitud de Egipto; fueron 400 años que, generación tras generación, soportaron esa terrible esclavitud. Los venezolanos luchamos para ver, sin más demora, el arcoíris de la libertad. Todo está preparado para alcanzarla.

​La generación venezolana desde la década de 1990 hasta el presente, fue estafada por un grupo de facinerosos que continúa aferrado al poder y pretende prolongar su fracasado proyecto político, signado por la corrupción, la barbarie jurídica, la destrucción institucional, la disgregación familiar, el quiebre de sueños y esperanzas, y la imposición de insoportables condiciones de vida y trabajo que perpetúan una forma de neoesclavitud. Sin embargo, nada de esto será eterno; en las nuevas generaciones ya germina el afán libertario de justicia social, el deseo insoslayable de progreso y la decisión firme e irrevocable de execrar el pasado para construir la patria grande, libre y próspera que nos merecemos, al igual que los demás pueblos latinoamericanos. Ese escenario amerita grandes esfuerzos para reconstruir la unidad nacional, por vía de la reconciliación, sin impunidad, ocupados en impulsar proyectos integrales de desarrollo, con las capacidades profesionales, técnicas y de recursos, que el país posee en abundancia, administrados con eficiencia, honestidad y racionalidad.

Un país moderno, federal, descentralizado, donde cada región construya, en unidad nacional, su propio destino.

 Los líderes ya existen y están revestidos de legitimidad, confianza y competencia para reconstruir la nación. María Corina Machado, encarna y lidera esa opción. A ella, le corresponde la responsabilidad de conducir esta gran cruzada hacia el progreso, a pesar de los obstáculos que le siembran en el camino. El pueblo ya decidió y la voluntad de cambio es firme e irreversible. ​Sin embargo, la agenda política de los amigos del norte —a quienes vitoreamos por su ayuda el 3 de enero— no es compatible actualmente con nuestra decisión, la cual no puede subordinarse a sus intereses. Dicha agenda no solo violaría nuestra Constitución, sino que además postergaría en el poder a un grupo de personas carentes de legalidad, legitimidad y capacidad para sacarnos del caos que ellos mismos crearon.

 La «Mesa de acuerdos» debe concretar de inmediato la libertad de todos los presos políticos, la restitución plena de sus derechos ciudadanos y bienes, la designación de un CNE confiable y el establecimiento de un cronograma electoral que fije la fecha para la elección del nuevo Presidente y de la Asamblea Nacional. Esos son los acuerdos fundamentales que esperamos los venezolanos; sin ellos, la mesa de negociación estará condenada al fracaso, a cuyo éxito, todos estamos apostando.

 Presidente Trump: queremos seguir confiando en usted e integrarnos al progreso de Latinoamérica. No ponga en duda su credibilidad como líder fundamental del Hemisferio Occidental, a quien adjudicamos nuestra confianza.

Prolongar, sin definición nuestra tragedia, pudiera sugerir nuevas formas de neocolonialismo, incompatibles con el Derecho Internacional, nuestra decisión de ser libres y soberanos y nuestra exclusiva discrecionalidad de construir nuestro destino. ¿Hasta cuándo debemos esperar?

​Luz para todos…

​Dr. César Ramos Parra.

Profesor Universitario.

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