El argentino Leonardo Croxatto defiende en conversación con EL PAÍS que el expresidente peruano nunca tuvo intención de revertir el orden constitucional

Guido Croxatto, abogado del expresidente de Perú Pedro Castillo, durante su paso por Colombia para reunirse con el presidente Gustavo Petro.

Diego Cuevas/Juan Diego Quesada

Cuando la cámara empezó a transmitir para toda la nación apareció Pedro Castillo en el cuadro. Empezó a leer, casi como un robot, unos papeles que sostenía entre las manos, que comenzaron a temblarle a medida que avanzaba en la lectura. El presidente de Perú estaba anunciando la disolución del Congreso y un estado de excepción. Su nerviosismo era evidente. Los que lo veían por televisión no podían creer que el profesor de escuela venido de los Andes estuviera dando un autogolpe de Estado. Horas después, fue detenido cuando iba a refugiarse en la embajada de México y acabó sentado en un sofá de polipiel de una comisaría de Lima mientras hojeaba una revista. El Congreso que tanto quería quitarse de encima lo destituyó a él. La justicia peruana lo acusa de una rebelión y otros delitos que podrían enviarlo durante décadas a la cárcel.

El letrado muestra la carta que envió Pedro Castillo desde la prisión.

DIEGO CUEVAS

Castillo ha puesto su defensa en manos de Leonardo Croxatto, un joven abogado argentino. Hace dos días le dieron una carta escrita por el expresidente de su puño y letra desde prisión para que se la entregara en mano a Gustavo Petro en Bogotá, y así lo hizo el jueves. Horas después, luce espídico en un hotel del centro de Bogotá, donde descansa un rato antes de agarrar un vuelo a Buenos Aires. Lleva 48 horas sin dormir. Cuando entró al despacho de Petro llevaba puesta la corbata, pero al ver que él llevaba el cuello desnudo se la quitó y la dejó encima de la mesa. Los dos se rieron. Croxatto sostiene que el mensaje de Castillo aquel 7 de diciembre era más bien simbólico, una respuesta a los ataques que recibía de la oposición. No había tanques ni fusiles que respaldaran su golpe, no había nada preparado ni estudiado. Era todo lo contrario a un plan maestro, una representación casi teatral. En breve pedirá un amparo al Tribunal constitucional peruano para que lo liberen de la cárcel de máxima seguridad en la que está recluido.

Pregunta. ¿Para usted qué significó la alocución a la nación de Castillo?

El mensaje a la nación tiene una serie de formalidades. Para ser uno formal tiene que estar firmado por todo el consejo de ministros. Este discurso no tenía ninguna firma. Es ilegal procesar a los ministros que no firmaron el discurso como partícipes de un delito de conspiración. Si analizas desde el derecho los hechos que sucedieron en Perú vas a ver que se caen uno a uno. Se cae la flagrancia, se cae la rebelión, se cae la conspiración. No se cumplen los requisitos formales. Lo que hubo en todo caso es una infracción constitucional, que tiene un procedimiento regulado y ese procedimiento no lo cumplió el Congreso. Solo en el Perú puede pasar algo así. Es un mamarracho constitucional lo que hicieron.

P. ¿Por qué considera inconstitucional el procedimiento contra Castillo?

R. Le imputan un delito de rebelión, que en el código penal peruano es alzamiento con armas. Acá no hubo ningún alzamiento con armas. Las únicas armas fueron contra Castillo. Él no tenía ningún poder. Algunos dicen que en el mejor caso fue una tentativa inidónea, porque intentó hacer un golpe de Estado, aunque yo no apoyo esa teoría. No lo logró porque nunca hubo un arma a favor de ningún golpe. El otro delito es conspiración, pero conspiración son dos o más. Acá es él solo, nadie sabía lo que iba a leer. El único golpe se lo dieron a él, que termina destituido. No es golpe, es un hecho atípico.

P. ¿En qué sentido?

R. En que no es delito. Es una infracción constitucional.

P. ¿Entonces qué pretendía?

R. La verdad es que hablé mucho con Petro sobre qué quiso hacer Castillo. Yo se lo pregunté a él porque era una duda que teníamos. Él dijo cosas interesantes. Me dijo que de los siete discursos que tenía leyó el más suave. Hay algo interesante en Castillo. Piensa que él representa a los pueblos originarios, a los campesinos. Él no quiso darle su discurso a los abogados para que le dijeran que podría estar mal, simplemente lo leyó. Era un discurso que le acercaba a las bases populares, al pueblo, como dice él. Al no dárselo al resto de ministros, fue una apuesta política suya. Creo que lo leyó porque era tal la presión de la oposición -cómo lo venían arrinconando, habían enviado presa a la hija-, era tal el grado de persecución que creo que dio ese discurso como proclama política antes de retirarse. Me da esa impresión.

P. ¿Contaba con el apoyo de alguien, había preparado algo?

R. No, no pensaba en términos institucionales. Él habla del pueblo todo el tiempo. No se instrumentalizó nada de lo que dijo. Dice que es lo que le pidió el pueblo y que cumplió con el pueblo.

P. Ni siquiera había hablado con nadie de las Fuerzas Armadas…

R. Evidentemente, no. Tiene algo de ingenuo y de interesante a la vez. En algún punto justifico el desorden de Castillo y que quizá es algo demasiado avanzado para este momento histórico y no somos capaces de entender. Hizo algo que rompía la lógica de la colonización, del eurocentrismo, del formalismo jurídico. Se salió de una lógica jurídica. Por eso defiendo que no le diera el discurso a los abogados.

P. Hubiera evitado la situación en la que está.

R. Para mí estuvo bien. Hoy está pagando ese error, pero es interesante porque dice que el pueblo le dio ese discurso. ¿Por qué lo van a revisar para que lo censuren y lo corrijan? ¿Quiénes son los abogados de Palacio para decirme lo que puedo decir o lo que no? No le podía poner límite a la voz del pueblo. Esto es una problemática académica complejísima que va a traer mucha discusión, no ahora, pero es parte de un fenómeno nuevo.

P. Pongámonos en ese 7 de diciembre de 2022. Castillo da ese discurso, la nación queda en shock. Pongámonos en que no lo detienen. ¿Cómo hubieran transcurrido los acontecimientos? ¿Se hubiera convertido en un autócrata?

R. Lo que hubiera debido pasar según la Constitución es una acusación por infracción constitucional. Hay un procedimiento establecido en el sistema jurídico peruano para estos casos y el presidente hubiera tenido derecho a exponer sus motivos en el Congreso y esa institución podía destituirlo, investigarlo, acusarlo. Eso hubiera sido lo correcto.

P. ¿Quién le escribió los siete discursos?

R. Las bases populares, el pueblo como dice Castillo. Habría que imputar por conspiración a ocho millones de peruanos. Aquí se desdibuja la frontera entre la política y el derecho.

P. ¿Cuándo lo detuvieron iba a refugiarse en la embajada de México?

R. No, él iba a volver. Iba a llevar a las hijas. Le acusan de flagrancia, pero se cae porque no lo detienen en el lugar de los hechos, lo detienen por una orden. Y fugarse no es un delito.

P. Se llegó a hablar de que en el momento de la lectura no estaba con sus facultades mentales plenas.

R. Falso, una estupidez. Yo le pregunté hace un mes y él, muy seguro de sí mismo, me dijo que evidentemente sabía lo que hacía. Me sentí mal por preguntárselo. Leí el discurso más suave, me dijo. Imagínate los otros discursos. En todo caso le imputaron rebelión y se cayó la rebelión. Por eso ahora la fiscalía está preocupada por inventar otro delito porque saben que técnicamente esto se cae. Los que somos abogados sabemos que está mal lo que le hicieron a Castillo.

P. Castillo acusa a la fiscal de la nación de inventarse delitos.

R. La fiscal sabe que esto es una truchada jurídica que en Europa no pasaría, ni en Colombia ni Argentina. Ella está preocupada por imputarle otro delito rápido para justificar la prisión preventiva desde otro lugar. Ahora lo quieren imputar por nombrar a un ministro, por organización criminal. Nosotros creemos que la organización criminal es la figura que usan los jueces para procesar a todos los líderes de centro izquierda de América Latina. Eso es lawfare o persecución judicial. Se hizo contra Correa en Ecuador, contra Evo Morales en Bolivia, contra Cristina Kirchner en Argentina, Lula en Brasil. Se hace con Castillo en Perú. Cuando vos distorsionás la imparcialidad de la justicia, los jueces terminan haciendo política.

P. Entonces considera que Castillo no tiene ninguna responsabilidad.

R. Independientemente de lo que uno piense sobre Castillo, si es bueno o malo, de izquierda, de derecha o ultracomunista, incluso si se equivocó, lo importante es que el procedimiento es incorrecto. Soy su abogado, pero no soy un necio. Lo que es irregular es el procedimiento que aplicó el Congreso para destituirlo. Aplica una vacancia moral que no era el procedimiento que correspondía. La vacancia es racista y se usaba para criminalizar indígenas. Viene de la incapacidad mental y lo usan para incapacitar a un maestro que representa indígenas. Se necesitaban 104 votos y el Congreso de Perú tenía 101. Tampoco cumplió con la cantidad de votos necesarios. Y no le dieron el derecho a exponer en el Congreso, está todo mal. El Estado peruano va a ser condenado dentro de unos meses por alguna instancia seria.

P. ¿Cuál es el escenario que se imagina si eso ocurre?

R. Restituir a Castillo y seguir los procedimientos correctos. Después, que el Congreso pueda suspender, inhabilitar, destituir… puede hacer lo que quiera. Pero todo eso viene después de un procedimiento correcto. No se respetó el debido proceso. La destitución es ilegítima. Por eso Petro dice hoy el presidente de Perú, Pedro Castillo. No solo lo dice porque lo apoya políticamente. Lo dice porque escuchó estos argumentos técnicos. El golpe de Estado se lo estarían dando a Castillo. Como es un cholo pobre de la sierra, como los 60 muertos son indígenas de Puno y Ayacucho, los medios no decían mucho sobre esto. Si fueran 60 asesinados de Miraflores [barrio acomodado] sería un escándalo internacional. En cualquier caso, tiene que dimitir Dina Boluarte.

P. ¿Cómo se encuentra Castillo de moral?

R. Lo vi bien, entero, seguro. Me encomendó encontrarme con Petro, con Evo Morales, con Lula y con el Papa, cosa que voy a hacer en diez días.

P. La presidencia de Castillo fue muy accidentada y caótica, pero nadie preveía un final así.

R. Desde el primer día le hicieron la vida imposible. Quisieron destituirlo, no le votaron 140 proyectos de ley. Y este año se vencían las concesiones de 30 años de la época de Fujimori de todos los recursos naturales peruanos. Hay que renovarlos este año y él ya había anunciado que no los iba a renovar. Con lo cual las empresas de recursos naturales querían otro interlocutor, Castillo no les servía.

P. ¿Cómo transcurrió su reunión con Petro?

R. Maravillosa. Confirmé algo que sospechaba: Petro es hoy el presidente más preparado de América Latina. Puede pasar de la antropología al derecho constitucional sin problema. Te puede hablar de economía política o de finanzas internacionales con mucha solidez y eso es algo no muy común. Lo vi con muchas ganas de interiorizar la situación política y legal de Pedro Castillo. La misma posición que sostiene López Obrador, Boric, Arce, Evo Morales y Correa. Destaco la lucidez de Petro, los que dan los primeros pasos como él suelen ser los que anticipan un fenómeno.

TOMADO DE ELPAIS.COM

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