La fiscalía acusa al excongresista de operar como un agente encubierto del gobierno de Nicolás Maduro sin el registro legal correspondiente, aprovechando sus conexiones en el Partido Republicano para intentar suavizar la postura de la Casa Blanca hacia Caracas.
Los fiscales sostienen que Rivera utilizó su amistad de décadas con Rubio para presionar a favor de los intereses del Palacio de Miraflores.
Brian Ballard, uno de los lobistas más influyentes de Washington y cercano colaborador del presidente Donald Trump, testificó ante un tribunal federal sobre el fin de su relación profesional con el excongresista David Rivera.
Ballard afirmó que cortó todo vínculo con Rivera en 2020, tras descubrir que el gobierno venezolano otorgó al político de Miami un contrato por 50 millones de dólares, un hecho que sepultó su confianza en el exlegislador.
De acuerdo con reportes de Associated Press (AP), Ballard y el secretario de Estado, Marco Rubio, fungen como testigos principales en este juicio en Miami. La fiscalía acusa a Rivera de operar como un agente encubierto del gobierno de Nicolás Maduro sin el registro legal correspondiente, aprovechando sus conexiones en el Partido Republicano para intentar suavizar la postura de la Casa Blanca hacia Caracas.
AP detalla que el proceso judicial desvela una compleja trama de cabildeo que involucra a figuras del entorno de Trump y a magnates venezolanos. Entre los nombres citados destaca el de Raúl Gorrín, dueño de Globovisión, quien presuntamente desvió fondos petroleros mientras buscaba aliados en Estados Unidos para aliviar las sanciones económicas.
Los fiscales sostienen que Rivera utilizó su amistad de décadas con Rubio para presionar a favor de los intereses del Palacio de Miraflores.
Estrategias de defensa y nexos empresariales
Por su parte, David Rivera rechaza las acusaciones y argumenta que sus labores respondían a una consultoría para una filial estadounidense de la estatal Pdvsa, actividad que, según él, lo exime de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA). No obstante, Ballard presentó ante el tribunal correos y mensajes que evidencian su creciente sospecha sobre las verdaderas intenciones de Rivera, lo que llevó a la defensa a solicitar—sin éxito—la anulación del juicio.
AP indica que el testimonio de Ballard también salpicó al magnate Raúl Gorrín. Aunque Gorrín enfrentó cargos por soborno en 2018, Rivera lo presentó inicialmente ante Ballard como un admirador de Trump que buscaba el retorno de la democracia a Venezuela. Ambos incluso viajaron en el jet privado de Gorrín a República Dominicana para reunirse con líderes opositores.
Finalmente, la agencia AP destaca que, a pesar del fracaso de aquellas gestiones diplomáticas iniciales, el juicio actual expone la profundidad de las redes de influencia extranjera en la política estadounidense.
Ballard admitió que incluso consultó a figuras de la oposición, como Lilian Tintori, antes de firmar contratos con las empresas de Gorrín, bajo la creencia de que trabajaban para derrocar a Maduro y no para sostenerlo en el poder.
Afirmó también que se arrepintió rápidamente de la decisión y declaró que desconocía que un socio de su firma había ayudado a redactar una carta que Gorrín quería entregar personalmente a Trump en 2017, en la que prometía dedicar «cada minuto de su tiempo a una resolución exitosa de la crisis en Venezuela». La carta nunca llegó a su destino, a pesar de estar bajo la vigilancia del Servicio Secreto.
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