Dr. José E. Pons Briñez

El panorama político actual genera una profunda confusión para algunos, mientras que para otros parece responder a un guion conocido. El debate sobre las llamadas «Tres Fases» (Recuperación, Estabilidad y Transición) se encuentra en el centro de la polémica. Según la ONG Laboratorio de Paz, estas etapas no han significado una democratización, sino una reorganización del poder: del control absoluto de Nicolás Maduro hacia la influencia de los hermanos Rodríguez. Se han implementado cambios superficiales ejecutados por los mismos actores responsables del deterioro nacional, manteniendo vicios estructurales mientras el ciudadano común sigue esperando por prestaciones dignas, aumentos salariales reales y el restablecimiento del hilo constitucional, todo bajo la sombra de un dólar descontrolado.

La realidad en los centros de reclusión política y la situación de los presos de conciencia no muestra avances; el silencio y la inacción imperan. En lo cotidiano, el acceso a los alimentos es una quimera para la mayoría debido a costos prohibitivos, sembrando hambre y enfermedad. El sistema de salud, por su parte, sobrevive en un estado de inanición funcional: para ser atendido, el paciente debe suministrar desde el algodón y la inyectadora hasta los medicamentos más básicos. Esta crisis no es nueva; es la prolongación de una agonía que se intensificó hace una década y que hunde sus raíces en el empobrecimiento sistemático iniciado durante la gestión de Chávez.

A nivel regional, el panorama es desigual. En el Zulia, la gestión actual intenta sortear con éxito moderado el desastre administrativo heredado de Manuel Rosales. Sin embargo, en el municipio Maracaibo, la situación es alarmante. Con una gestión que parece provenir de las peores escuelas de corrupción y abuso de derechos humanos, el actual burgomaestre se perfila como un objetivo claro para las investigaciones de entes internacionales como el Tesoro Nacional, la DEA y la CIA. Es previsible que, en un escenario de justicia transformada, tanto él como su entorno deban rendir cuentas, al igual que otros alcaldes que hoy perciben que sus antecesores tienen mucho que confesar.

El factor social ha sido la gran debilidad de este proceso. Las condiciones de vida de la población han sido asumidas como una prioridad secundaria por ambos protagonistas del conflicto político. Sin embargo, este factor es el determinante real para una paz que permita la recuperación económica, y no a la inversa, pese a lo que puedan considerar la administración de Donald Trump o el grupo de los Rodríguez. Habrá calle y protesta, porque la sociedad reclama sus prioridades existenciales básicas basándose en la Pirámide de Maslow: alimentarse, respirar, hidratarse y descansar.

La jerarquía de Maslow explica que no podemos aspirar a metas superiores —como las fases de estabilidad o transición— si las necesidades fisiológicas y de seguridad no están cubiertas. El problema vital hoy es resolver la precariedad laboral y los ajustes mínimos necesarios para la supervivencia del ciudadano y su familia. Durante 27 años, parece que el pueblo se convirtió en el objetivo a neutralizar por un modelo de estado comunista. Mientras no se solucionen las carencias más elementales de la población, seguiremos atrapados en un bucle, sin lograr entrar ni salir de etapa alguna.

Dr. José Ernesto Pons B./ Autor del libro «El Estado Psicosocial Latinoamericano» (Editorial Páginas de Agua) Bogotá, Colombia.

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