El Papa preside la oración del Regina Caeli en el domingo de Pentecostés en el que se celebra la jornada del apostolado seglar.

Tras la celebración de la misa del domingo de Pentecostés en el interior de la basílica de San Pedro, el papa Francisco ha rezado el Regina Caeli en torno a las 12 del mediodía con los files presentes en la plaza de San Pedro. Es la última vez que el pontífice dirige esta oración mariana ya que, al concluir el tiempo pascual, desde mañana se vuelve a recitar el ángelus.

Con motivo de la conmemoración del 125 aniversario del escritor italiano Alessandro Manzoni, el Papa alabó su capacidad de ofrecer la voz de las víctimas. El Papa también pidió por las víctimas del ciclón de Myanmar y Bangladesh –algo que en el caso de los rohinyás se une a los sufrimientos que ya tienen–, pidiendo a las autoridades que permitan el acceso a la ayuda humanitaria y llamando a la solidaridad eclesial y mundial. Finalmente invitó a todos a unirse el 31 de mayo a las oraciones por el próximo Sínodo en los santuarios marianos de todo el mundo, pidiendo también por la paz en Ucrania y en el resto del mundo.

Libres del miedo

A partir de la celebración litúrgica, el Papa destacó que “con el don del Espíritu, Jesús quiere liberar a los discípulos del miedo que los mantiene encerrados en sus casas, para que puedan salir y convertirse en testigos y anunciadores del Evangelio”. “La muerte de Jesús les había trastornado, sus sueños se habían hecho añicos, sus esperanzas se habían desvanecido. Y se habían encerrado en sí mismos”, destacó el pontífice refiriéndose a los discípulos. Si bien, añadió, también nosotros “como los apóstoles, nos encerramos en nosotros mismos, atrincherándonos en el laberinto de las preocupaciones”.

Francisco señaló que muchas veces se produce el “miedo a no ser capaz de hacer frente, a estar solo para afrontar las batallas cotidianas, a correr riesgos y luego decepcionarse, a tomar decisiones equivocadas. El miedo bloquea, paraliza. Y aísla: pensemos en el miedo al otro, al extranjero, al diferente, al que piensa distinto. E incluso puede haber miedo a Dios: que me castigue, que se enfade conmigo…”  Por ello, Bergoglio advirtió que “si damos espacio a estos falsos miedos, se cierran las puertas: las del corazón, las de la sociedad, ¡e incluso las puertas de la Iglesia! Donde hay miedo, hay cerrazón. Y eso no es bueno”, alertó.

Ante este panorama, el Espíritu Santo “libera de las prisiones del miedo” como los apóstoles cuando “abandonan el cenáculo y salen al mundo para perdonar los pecados y proclamar la buena nueva”. “Gracias a Él, se vencen los miedos y se abren las puertas. Porque esto es lo que hace el Espíritu: nos hace sentir la cercanía de Dios y así su amor echa fuera el miedo, ilumina el camino, consuela, sostiene en la adversidad”, añadió. “Ante los miedos y las cerrazones invoquemos al Espíritu Santo por nosotros, por la Iglesia y por el mundo entero: para que un nuevo Pentecostés aleje los temores que nos asaltan y reavive el fuego del amor de Dios”, propuso el Papa..

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