Venezuela cuenta con alrededor de 900 empresas públicas —una cifra superior a la de cualquier país de América Latina— y más de la mitad no opera. Para el reconocido economista Gerver Torres, esa realidad no solo explica buena parte del deterioro de los servicios básicos, sino que constituye “un verdadero obstáculo para la recuperación económica del país”.

En entrevista con Analítica TV, el exministro de Privatización del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez fue categórico: “Sin que estas empresas sean recuperadas e incorporadas nuevamente a la producción eficiente de bienes y servicios, la recuperación económica venezolana no es posible”.

Un aparato sobredimensionado y en ruinas

Torres advirtió que ni siquiera existe un registro oficial claro sobre el número exacto de entes estatales. Sin embargo, estimaciones —como las de Transparencia Venezuela— ubican la cifra en torno a 900, distribuidas en al menos 13 sectores económicos.

“Venezuela tiene unas 35 veces más empresas públicas que países de tamaño similar en la región”, subrayó. Pero el problema no es solo cuantitativo: “Más de la mitad no operan, están paralizadas. Otras funcionan a media máquina, con nóminas abultadas y bajísima productividad”.

A ello se suma, dijo, un severo problema de gobernanza: juntas directivas desconocidas, ausencia de estados financieros públicos y adscripciones ministeriales sin lógica administrativa. “Son cajas negras. No se sabe prácticamente nada de ellas”, afirmó.

Para Torres, además, hablar de “empresas públicas” es en muchos casos un eufemismo: “Son públicas en el papel, pero en la práctica están bajo control de pequeños grupos de interés. Han sido privatizadas de hecho, no de derecho. Es una forma perversa de privatización”.

Electricidad, petróleo y el círculo vicioso

El deterioro de los servicios impacta directamente la calidad de vida y la actividad productiva. “Sin sector eléctrico no hay petróleo. Y sin petróleo no hay actividad económica”, puntualizó.

Los apagones, agregó, no solo afectan a los hogares, sino que generan pérdidas económicas por daños en equipos y paralización de operaciones industriales. “Esto no hay que explicárselo a los venezolanos: lo padecen todos los días”.

La experiencia de los años 90

Torres recordó que el proceso de privatización iniciado a comienzos de los años 90 formó parte de un programa integral de modernización del Estado. El caso más emblemático fue la privatización de Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV).

“Fue un proceso transparente, limpio, con operadores internacionales de primera línea. La empresa se vendió a un precio récord mundial por línea telefónica”, destacó. A su juicio, el país vivía entonces “un momento de esperanza”, con proyectos de inversión en múltiples sectores.

Ese ciclo, sin embargo, se truncó tras la reversión de políticas y las posteriores estatizaciones. “Venezuela es quizás el caso más extremo de un programa de privatización totalmente revertido”, señaló.

Convicción, no imposición

El economista rechazó la tesis de que las reformas hayan sido impuestas desde el exterior. “Lo hicimos por convicción propia. Creíamos —y sigo creyendo— que el Estado debe concentrarse en funciones esenciales: macroeconomía, regulación, educación, salud, defensa. No en operar empresas”, afirmó.

Si bien reconoció que existen empresas públicas eficientes en el mundo, sostuvo que el debate no es solo de eficiencia sino de naturaleza del Estado: “Cuando el gobierno dedica tiempo y recursos a manejar negocios, deja de atender áreas críticas como salud y educación”.

¿Privatizar o concesionar?

Dado el estado actual de las compañías estatales —muchas sin información financiera confiable— Torres considera que el modelo más viable sería el de contratos de gestión con operadores privados especializados.

“Lo más inmediato es entregar la operación a actores privados calificados, con experiencia comprobada. En muchos casos ni siquiera es posible pensar en vender porque el valor de esas empresas es negativo”, explicó.

Subrayó que cualquier proceso debe ser transparente, con licitaciones públicas y precalificación técnica y financiera. “No se trata de que llegue un pirata a desmantelar activos. Se trata de atraer empresas serias, con músculo financiero y compromiso de largo plazo”.

El rol clave del marco jurídico

Torres advirtió que ningún capital regresará si no se transforman las reglas del juego. “En Venezuela existe un andamiaje legal antinegocios que puede aplicarse discrecionalmente. Eso tiene que ser abolido”, sostuvo.

Restituir derechos de propiedad, garantizar el cumplimiento de contratos y permitir arbitraje internacional son, a su juicio, condiciones mínimas para atraer inversiones en sectores de maduración larga como infraestructura o petróleo.

“El Estado no necesita ser dueño de empresas para dirigir un sector. Tiene instrumentos regulatorios, fiscales y de supervisión suficientes”, enfatizó.

El temor al empleo y el acceso social

Frente a quienes temen pérdida de empleos o exclusión social, Torres respondió con ironía: “La pérdida de empleo y riqueza ya ocurrió con las estatizaciones”. A su juicio, las actuales empresas estatales son “toneles sin fondo” que drenan recursos públicos sin retorno.

Una privatización bien diseñada, afirmó, no solo elimina pérdidas fiscales, sino que puede recuperar servicios y generar crecimiento sostenible.

La encrucijada venezolana

Para Gerver Torres, la recuperación económica pasa necesariamente por redefinir el papel del Estado y abrir espacio a la inversión privada nacional e internacional.

“Todo el financiamiento para infraestructura y servicios tendrá que ser privado. El Estado está quebrado y, aun si tuviera recursos, sería un crimen destinarlos a empresas que pueden operar inversionistas privados cuando hay prioridades urgentes en salud y educación”, concluyó.

La pregunta ya no es si Venezuela puede darse el lujo de privatizar, sino si puede permitirse seguir sin hacerlo.

¿Está el país dispuesto a desnudar la realidad de sus empresas públicas y asumir las reformas que exige la recuperación? El debate está abierto, y su participación es clave para el futuro económico de Venezuela.

La advertencia de Gerver Torres no deja espacio para ambigüedades: sin una transformación profunda del modelo, sin reglas claras y sin inversión privada, la recuperación económica seguirá siendo una promesa postergada.

“El Estado no necesita ser dueño de empresas para dirigir un sector”, insistió. Lo que necesita —subrayó— es recuperar su función esencial: regular, garantizar competencia, proteger derechos y concentrarse en áreas donde su presencia es insustituible.

En un país con servicios colapsados, infraestructura deteriorada y un aparato productivo debilitado, el debate sobre la privatización deja de ser ideológico para convertirse en una discusión sobre viabilidad y futuro.

Si quieres escuchar el análisis completo, los argumentos, matices y propuestas del economista Gerver Torres, te invitamos a ver la entrevista íntegra en el canal de YouTube Analítica TV y sumarte a una conversación que resulta decisiva para el destino económico de Venezuela:

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