Llegar a la propiedad significaba caminar dos o tres días por camellones de tierra o «picas» abiertas a «punta de machete», llevando las provisiones en «carros de bueyes», a caballo y rogándole al Creador que no lloviera
Su signo del zodíaco, Capricornio, dice que en vida solía ser una persona independiente, práctica y muy disciplinada. Además, no le gustaba soñar despierto, sino que tenía los pies bien puestos sobre tierra firme, seguros. Era fiable y digno de confianza. Un líder, enérgico y apasionado. Lo distinguió poseer un espíritu pionero, audaz, honesto y leal.
Su aura capricorniana irradiaba en él una energía que transmitía sin mayor problema. Fue un hombre generoso, honesto y franco. Cuando debía expresar lo que sentía lo hacía sin rodeos. Valoraba mucho la lealtad y el sentido de la amistad. Le encantaba comenzar proyectos, tomar la iniciativa y dirigir.
Es la historia de vida de un hijo de la tierra perijanera. Alfonso Márquez García (1937-2016). El es protagonista de esta IV entrega de la crónica Gente Que Hace Grande la Historia del Zulia. No está físicamente entre nosotros, pero su legado terrenal durante 79 años, está en el recuerdo de un extenso registro familiar, ciudadano, ganadero, gremial y político.
Su vida nos la cuenta Paúl Alfonso, el menor de sus cinco hijos. Márquez García (+) fue pionero en el desarrollo pecuario, ganadero del estado Zulia. Nació y vivió en Machiques de Perijá, municipio de tierra fértil bendecida por el Creador, donde tiene su asiento una de las mejores ganaderías de leche y carne de Venezuela y Latinoamérica.
En la Sierra de Perijá comenzó todo
Alfonso Márquez García (+) nació en la parroquia Libertad hoy perteneciente al municipio Machiques de Perijá. Hijo de Asisclo Márquez Méndez (+) y Aura García de Márquez (+). Ellos no tenían arraigo ganadero. Ella era ama de casa y él un pequeño comerciante dedicado a la producción de jabones artesanales que vendía en una carretilla a domicilio.
Alfonso Márquez García (+) contrajo nupcias con Eleida Beatriz Socorro Rincón, hoy de 84 años quien vive en la subregión Perijá. Esa unión trajo al mundo a cinco hijos. Alfonso Antonio, Carlos José, Liz María, Ana Lorena y Paúl Alfonso.
Caminante no hay camino…
Dice Paúl Alfonso que el quinto de los hijos de sus abuelos ni remotamente tenía entre sus planes dedicarse a la ganadería. Eso llegaría sin proponérselo. Más bien, asegura, «la familia de mi papá fue muy humilde, tanto por el lado de los Márquez y por el lado de los García».
«De hecho mi papá tuvo que empezar a trabajar a muy temprana edad por la muerte de mi abuelo Asisclo. Cuando él muere mi papá tenía seis o siete años y prácticamente, a partir de ese momento, tuvo que empezar a trabajar para ayudar a su familia. Claro, eran trabajos menores que pudiera llevar o traer un niño, un adolescente.
«Con la muerte de mi abuelo tuvo que dedicarse a otras cosas en el comercio. En ese momento no había ningún tipo de relación con la ganadería. Posteriormente, cuando era adolescente le dieron trabajo en un comercio de los más importantes de Machiques que era de Alí García, un primo de mi abuela. Lo pusieron a que ayudara a llevar bolsas y hacer otras actividades».
«Ahí, por supuesto, empezó a ganarse una platica. Lo ayudaba; el tema de llevar comida a la casa; fue desarrollándose hasta que tenía 16 o 17 años. El pudo montar su propio pequeño comercio en el Mercado de Machiques, donde vendía comida, artículos para las fincas, tabaco, en un espacio muy chiquito hasta que pudo desarrollarse», agrega.
Llega el momento de cambiar
Paúl Alfonso refiere que su papá, –muy conversador–, le contaba a sus hermanos y a él cuando «tuvo la oportunidad de irse metiendo al monte», logrando con otros pioneros y visionarios iniciar el desarrollo de la actividad pecuaria después de la década de 1950, cuando Venezuela estuvo gobernada por Marcos Pérez Jiménez.
Caído Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, el país es gobernado temporalmente por una Junta Cívico -Militar dirigida por el vicealmirante Wolfang Larrazábal. Los frescos aires democráticos permitieron organizar elecciones para designar al primer Presidente de la República de Venezuela de la era democrática que ganó Rómulo Betancourt de AD.
«Aprovechando», afirma, «que en esa época, al finalizar la dictadura, hubo una Ley que auspiciaba y promovía el tema agrícola, la gente podía cercar un pedazo de tierra y después sacarle la documentación. Eran tierras inhóspitas, eran selva. No habían fincas», recuerda.
Dos y tres días de camino
En aquel lugar en la Sierra de Perijá donde Alfonso Márquez García (+) fijó su mirada que significó el nacimiento de su destino ganadero, era un sitio de difícil acceso, intrincado y complicado. Llegar adonde está hoy la finca «Angostura», nombre fundacional y patrimonio de la familia Márquez Socorro, significaba caminar dos o tres días por camellones de tierra o «picas» abiertas a «punta de machete», llevando las provisiones en «carros de bueyes» y pidiéndole al Creador que no lloviera.
Alfonso Márquez García (+) junto con Emiro Chourio (+) y Asterio Chacín (+), propietarios de las fincas vecinas, La Negra y la Esperanza, respectivamente, decidieron asentarse a orillas del río Tokuko. Allí iniciaron un arduo trayecto que les permitió a ellos y a muchos productores, en distintas zonas y territorios de la Venezuela rural, convertirse en pioneros del desarrollo ganadero.
Una generación sigue a la otra
Paúl Alfonso Márquez Socorro cuando explica la valentía, decisión y perseverancia de hombres como su padre y de otros que desde muy jóvenes «se metieron al monte» a desarrollar el sector pecuario del estado Zulia, valora que demostraron una indiscutible capacidad de trabajo constante, diario, sin descanso, en condiciones adversas que después de 50, 60, 70 años o más, ese esfuerzo puede exhibirse actualmente al mundo en la calidad de la producción de alimentos para nuestro país.
Márquez Socorro considera que el ejemplo de los pioneros «es una de las cosas que se ve mucho a nivel de los productores agropecuarios que pasa de generación a generación. Ha habido también muchos casos donde los familiares han tenido que vender, porque no han podido con el tema de la producción, pero en términos generales esos fundadores en Machiques, han dejado en esa sucesión a sus hijos, nietos que han estado en las unidades de producción.
Todo comienzo es duro, difícil
Existe una máxima que dice que «todo comienzo es duro», difícil y exhausto. En la historia ganadera del Zulia eso es muy cierto. Muchos productores han transitado ese camino. No fueron Alfonso Márquez García (+) y otros pioneros, la excepción de la regla, sino que «echaron sobre sus hombros» la decisión de lograr algún día el desarrollo de la actividad agropecuaria.
«Eso fue muy duro», asegura.
«Al principio no fue que ellos contaran con crédito. Eso se dió muchos años después. El se sustentaba en que tenía su negocio de venta de productos en el Mercado de Machiques. De ahí siempre agarraba una platica para invertir en la finca.
«Al principio logró meter uno o dos trabajadores. Era gente que venía de Coro. La primera migración que hubo en Machiques fue de gente trabajadora coriana. El les dió trabajo y otros productores también. Empezó lo que en esos tiempos llamaban las tumbas.
¿Qué eran las tumbas?, pregunta y agrega, «empezar a tumbar árboles, a deforestal hasta cierto punto. Al principio, ellos sembraban maíz, plátanos, yuca. Después fueron metiendo unos animalitos con cochinos, gallinas y a hacer un rancho de madera.
Agrega que la naciente finca «Angostura» –que aún lleva el mismo nombre desde su fundación–, su papá la levantó a orillas del río Tokuko, teniendo la garantía de agua todo el año.
«Así, progresivamente, fue la fundación de la finca. Muchos años después ya tenía unas vacas, animales, al poder ir comprando y haciendo un rebañito Posteriormente, cuando tenía cierta estructura, tuvo la posibilidad de conseguir un crédito en el banco para hacer un corral, un techo y una vaquera que me dijo fue lo primero que hizo. Igual que todos los productores de la zona.
«Era gente muy trabajadora que se metía en esas fincas quince días, tres semanas sin salir. No había comunicaciones, luz, carreteras. No había carros y al principio ellos se movían en carros de bueyes y en caballos. Posteriormente comenzaron a llegar los primeros carros rústicos.
«El me hablaba de una camioneta rústica, Power Waggon que parecía más bien un tractor. Progresivamente comenzaron a hacer arreglos en algunos caminos y entonces esas camionetas entraban en época de verano. Cuando habían inviernos fuertes no podían pasar porque se pegaban.
«Fueron años muy fuertes, muy duros que creo que los vivieron todos los productores agropecuarios, porque no hubo una zona en el estado Zulia y creo que también de Venezuela, donde los gobiernos del momento arrancaran con fuerza a arreglar las vías. Eso fue progresivo, hacer las carreteras, las vías de penetración.
«También en esa época Machiques comenzó a florecer con la producción de leche y se crearon los lactuarios que eran receptorías de queso. Los pocos productores que había hacían quesos. No había refrigeración para enfriar la leche, sino que arrimaban –llevaban– los quesos al centro de acopio para traerlos a Maracaibo donde era el primer centro de consumo.
«Posteriormente crearon las plantas –receptoras de leche– y ya había luz eléctrica y empezaron las fincas a refrigerar la leche. Fue un proceso que duró muchos años que ellos fueron asumiendo progresivamente hasta lo que es hoy la producción agropecuaria. Con todos los altos y bajos se sigue manteniendo».
Primeros en leche y carne
La semilla sembrada por aquellos pioneros y visionarios del actual desarrollo pecuario iniciado años atrás, hoy rinde sus frutos por el actual posicionamiento nacional Machiques de Perijá en la producción de leche y carne. Es el primer municipio que ocupa ese lugar.
Esa realidad, donde el esfuerzo de Alfonso Márquez García (+) y otros ganaderos en la lejanía del tiempo, explica, extrapolando la actual visión del desarrollo pecuario del estado Zulia, es que es asimismo la primera región del país en producir leche y carne vacuna.
«No lo digo yo. Lo dicen los reportes del Ministerio de Agricultura. La cantidad de animales vacunados, lo que procesan las plantas de leche, mataderos muy seguido de cerca por Barinas y Apure, dedicados más a la carne. El Zulia ha sido más dedicado a la producción del doble propósito carne, leche y sus derivados
«Muy inquieto», le gustaban los retos
Alfonso Márquez García (+) fuera de los corrales de la finca y del predio ganadero, lo define el menor de sus hijos como de «muy inquieto» al recordar su paso por la política. Militó en Acción Democrática y ocupó en dos oportunidades la presidencia del Concejo Municipal de Machiques y una diputación por el estado Zulia ante el antiguo Congreso Nacional.
«Mi papá fue un hombre muy inquieto», evoca.
«Venía también de una familia inquieta. Me habló de su padre y sus tíos que en algún momento lucharon contra la dictadura de Pérez Jiménez, inclusive, estuvieron presos. Ellos siempre estuvieron metidos en ese tipo de cosas y fueron precursores de Acción Democrática que era el partido que se formó en ese momento.
Paul Alfonso agrega que «el tenía esa curiosidad. Mi tío Numa era directivo de Acción Democrática en ese tiempo y él comenzó a participar en política en Acción Democrática donde se fue ganando ese puesto. Fue concejal, presidente del Concejo Municipal, de Gadema, diputado, estuvo en Bandagro y en Indulac. Asumió retos que le iban poniendo y él los iba asumiendo».
No olvida que en ese tiempo cuando la democracia nacida el 23 de enero de 1958 tenía a dos actores principales, AD y Copei, el término «tolerancia» en la política significaba respeto, consideración y condescendencia entre el liderazgo.
«Tuve la oportunidad de haber visto como se hacía la política en ese tiempo y me llamaba mucho la atención que mi papá, mis tíos y algunos primos, siendo de Acción Democrática, uno a veces se paraba en la mañana y estaban desayunando en mi casa gente del partido Copei. Tomando café, comiendo, conversando y hablando de muchas cosas.
«Años después se lo pregunté a mi papá y me decía, hijo, puede ser que tengamos visiones diferentes, pero no somos enemigos. Tan es así que padrinos de bautismo y comunión eran copeyanos. Yo vi eso en mi casa y no sentí que por el tema político hubiese un enemigo. Tuve la oportunidad de ver lo que era la política de ideas diferentes, pero con respeto. Eso sí, a la hora de defender posiciones, cada quien las defendía. No ví nunca odios.
El guía
El padre amoroso, comprensivo, orientador y guía de la familia que fundó con su esposa, Eleida Beatriz Socorro Rincón, su hijo Paúl Alfonso le permite decir que su padre «era muy familiar y exigía familiaridad», porque, «la pregonaba y la ejercía».
«El con los hijos de sus hermanos era protector y de nosotros no se diga, pero a la vez era muy exigente. A todos nos exigió que teníamos que estudiar. En mi casa a nadie nunca se le ocurrió decir que no iba a estudiar. Era muy exigente porque él no pudo estudiar. Mi papá tuvo un sexto grado porque tenía que trabajar para ayudar a su familia. Además, en Machiques no había donde estudiar porque solo era hasta el sexto grado.
«Era muy protector con sus hermanos, hermanas, sobrinos y con nosotros. Era de ponerse a hacer comida y compartir. Como gente de pueblo me decía, hijo, la gente se conoce en la clínica y en el velorio. El que no va a visitar a un familiar, a un amigo enfermo, no es familiar o realmente amigo. El exigía demasiado eso y formó parte de la crianza nuestra.
Los tocó el secuestro
La familia Márquez Socorro fue una de las tantas víctimas de la industria del secuestro que en cualquier zona fronteriza no deja de ser un delito, practicado por los grupos violentos de la guerrilla del lado colombiano. En aquella oportunidad, casi a treinta años del suceso, Carlos José, segundo de los hermanos, fue plagiado por el ELN y mantenido en cautiverio durante seis meses y medio.
Aquel suceso, –no lo olvida nadie en el hogar–, marcó a la familia porque aún cuando su padre ya no era parlamentario de AD «tuvo un impacto mediático, tomando en cuenta que mi hermano no fue el único secuestrado. Ese año secuestraron como a seis. En ese tiempo la guerrilla se dedicó a financiar sus operaciones guerrilleras. Secuestraban productores del lado venezolano y colombianos del Cesar, Valledupar y Maicao.
«Eran secuestros donde había que arreglarse y pagar para que soltaran al familiar. Fue un momento complicado para nosotros. Nos tocó dividirnos el trabjo. Mi papá se dedicó en cuerpo y alma a lo de mi hermano. Yo me tuve que dedicar a la finca porque teníamos que seguir, aparte de empezar a buscar los recursos para pagar el secuestro.
«Mi papá mantuvo en secreto hasta el final –contactos y el monto del pago– pero fue mucho dinero. Se negoció y llegamos a un punto donde mi papá pudo conseguir el dinero. Un préstamo de dos bancos. Tuvimos que hipotecar la finca para que los bancos prestaran el dinero. Se reunió, se pagó y a mí hermano lo soltaron del lado colombiano, donde lo fuimos a buscar mi papá y yo en Valledupar. Pagamos, nos lo entregaron y pa’ atrás. Fueron momentos difíciles en lo familiar, económico y, bueno, nos costó superarlo, porque quedamos muy comprometidos con los bancos. Nos llevó muchos años pagar lo que debíamos.
En resumen, la historia de Alfonso Márquez García (+) fue la de una persona sencilla, básica en su vida diaria, solidario, afectuoso, disciplinado, muy trabajador, protector, humilde, que le gustaban las camisas guayaberas, consumir plátano tres veces al día, degustar el típico plato perijanero «arroz aguao», prefería el pescado que la carne y le encantaba un dulce de lechoza o de icacos.
Deja un legado de valores en su familia, en sus amigos y en la sociedad de la subregión Perijá, también en el Zulia que lo conoció, donde su impronta es una huella eterna que lo hace parte de la Gente Que Hace Grande la Historia del Zulia .

Alfonso Márquez García (1937-2016) fue un visionario de la potencialidad de la fértil tierra de la subregión de Perijá, donde comenzó el desarrollo de la ganadería del estado Zulia. (Foto: Cortesía)

Alfonso Márquez García (+) contrajo nupcias con Eleida Beatriz Socorro Rincón. Esa unión trajo al mundo a Alfonso Antonio, Carlos José, Liz María, Ana Lorena y Paúl Alfonso. (Foto: Cortesía)

Paúl Alfonso le explica al periodista que el quinto de los hijos de sus abuelos ni remotamente tenía entre sus planes dedicarse a la ganadería. Eso llegaría sin proponérselo. (Foto: Euclides Molleda)

Durante su vida gremial al frente de Gadema, a Alfonso Márquez García (+) le tocó ser anfitrión del expresidente Carlos Andrés Pérez (+) y del exgobernador del Zulia, Carmelo Contreras Barboza. (Foto: Cortesía)

Su experiencia en el desarrollo ganadero en la subregión Perijá, integró a Alfonso Márquez García (+) en la dirección de la empresa láctea Indulac. (Foto: Cortesía)

Su hijo Paúl Alfonso dice que su padre «era muy familiar y exigía familiaridad», porque, «la pregonaba y la ejercía». (Foto: Euclides Molleda)
Texto: José Aranguibel Carrasco/CNP-5003
Fotos: Euclides Molleda/CRGV-1064
