Imagen generada con Nano Banana Pro
Los chatbots están en el centro del huracán provocado por la inteligencia artificial. Entender qué son, cómo funcionan y qué pueden (y no pueden) hacer es clave para usar la tecnología con criterio y no solo con entusiasmo
Hoy hablamos con la inteligencia artificial como si fuera algo natural. Preguntamos, corregimos, conversamos. Pero pocas veces nos detenemos a pensar qué hay realmente detrás de esa pantalla, aparentemente incondicional, amistosa y complaciente.
Ahí entran los LLM (Large Language Models): los grandes modelos de lenguaje que sostienen casi todas las herramientas de IA que usamos a diario. Y no, no son magia. Son estadística, datos y probabilidad, pero bien entrenadas.
Primero lo básico: ¿qué es un LLM?
Un LLM es un modelo de inteligencia artificial entrenado con enormes cantidades de texto para predecir la siguiente palabra más probable en una secuencia. Nada más. Y nada menos. No entiende como un humano. No piensa. No razona por sí solo. Detecta patrones en el lenguaje y responde según lo que ha aprendido de millones de ejemplos, pero solo es eso. No es un sustituto humano. Es tecnología al servicio de la humanidad. Y aquí entran en escena los chatbots como ChatGPT, Gemini, Copilot, Grok, DeepSeek, Claude y muchos más.
¿Por qué parecen tan inteligentes?
La sensación de “inteligencia” aparece porque los LLM reconocen contexto, mantienen coherencia en una conversación e imitan estilos, tonos y estructuras, generalizando a partir de ejemplos previos. Es decir, es un loro culto, que solo repite lo que tiene en la memoria. Pero ojo: no saben si algo es verdadero o falso, solo si suena correcto según los datos con los que fueron entrenados. Por eso a veces aciertan… y a veces inventan con mucha seguridad.
El entrenamiento: aquí se gana (y se pierde) todo
Los LLM se entrenan en dos grandes fases:
Pre-entrenamiento: aprenden el lenguaje leyendo enormes volúmenes de texto.
Ajuste fino (fine-tuning): se les enseña a comportarse mejor, seguir instrucciones y evitar respuestas problemáticas.
Si los datos son buenos, el modelo mejora. Si los datos son sesgados, el modelo también. La IA no es neutral, solo refleja lo que le dimos para aprender. ¿Me sigues?
Contexto, tokens y límites
Los LLM no “recuerdan” como nosotros. Funcionan dentro de una ventana de contexto: una cantidad limitada de información que pueden tener presente al mismo tiempo. Cuando esa ventana se llena, lo más antiguo se pierde. No porque quiera olvidarlo, sino porque no puede sostenerlo. Esto explica por qué a veces “pierden el hilo” o contradicen respuestas anteriores.
Qué pueden hacer bien (y qué no)
Lo hacen bien:
Redactar textos
Resumir información
Generar ideas
Ayudar a programar
Explicar conceptos
No lo hacen bien:
Tomar decisiones críticas
Verificar hechos por sí solos
Entender emociones reales
Reemplazar criterio humano
Aquí está el punto clave: un LLM es una herramienta cognitiva, no un reemplazo del pensamiento. Así que delegarles tareas que implican razonamiento humano profundo es un gran error de cálculo para todos.
La pregunta importante no es técnica
Entender cómo funcionan los LLM no es solo curiosidad tecnológica. Es una forma de proteger nuestro criterio. Cuando sabemos que una IA no piensa, no le delegamos decisiones importantes. Cuando entendemos sus límites, la usamos mejor.
Los LLM son una de las tecnologías más influyentes de nuestra época. No porque piensen, sino porque hablan nuestro idioma. El riesgo no está en usarlos. Está en creer que saben más de lo que realmente saben. Entenderlos no nos hace menos humanos. Nos hace usuarios más conscientes.
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