En la actualidad, más del 80% de las infraestructuras digitales europeas son importadas, en su mayoría de Estados Unidos, pero también de China. Por eso, el viejo continente tiene el objetivo de alcanzar un 75% de adopción de inteligencia artificial para el año 2030, y esto llega de la mano del plan de soberanía digital

El próximo miércoles 3 de junio, la Comisión Europea presentará su ambicioso plan de soberanía tecnológica, una iniciativa con la que pretende «recuperar su lugar en la carrera mundial por el poder geoeconómico».

En la actualidad, más del 80% de las infraestructuras digitales europeas son importadas, en su mayoría de Estados Unidos, pero también de China. Por eso, el viejo continente tiene el objetivo de alcanzar un 75% de adopción de inteligencia artificial para el año 2030, y esto llega de la mano del plan de soberanía digital.

En las salas de juntas de todo el continente, esta tecnología se ha convertido en un pilar estratégico innegociable para mantener la competitividad regional. Sin embargo, la retórica choca de frente con una realidad bastante más cruda.

Según un informe de Ness Digital Engineering, en pleno 2025 apenas un 20% de las empresas de la UE utiliza activamente la IA, a pesar de catalogarla como su máxima prioridad. Esta desconexión entre la ambición y la ejecución plantea una pregunta urgente para el ecosistema tecnológico: ¿qué está fallando realmente en la adopción corporativa?

La nueva ofensiva legislativa irá más allá de regular los gigantes tecnológicos de Silicon Valley para ofrecer una vía alternativa que pasará por impulsar empresas europeas en sectores tan estratégicos como los chips o semiconductores, la computación en la nube o la inteligencia artificial.

Ponerle fin a la dependencia tecnológica

El giro de la UE se ha visto espoleado por el creciente temor a que el presidente estadounidense, Donald Trump, pueda instrumentalizar la dependencia económica que las capitales europeas tienen de su tecnología para lograr sus objetivos políticos. La respuesta es un plan para crear «contrapesos estratégicos que mejoren la capacidad de Europa para permanecer abierta al mundo sin comprometer sus intereses y valores».

Contrario a lo que muchos podrían pensar, este rezago no se debe a una falta de acceso a modelos avanzados, escasez de algoritmos o falta de inversión económica. El problema es mucho más profundo y estructural.

Senthil Devarajan, ejecutivo de Ness, señala que la causa raíz es sistemática: las plataformas de datos actuales simplemente no fueron diseñadas para la toma de decisiones impulsada por IA. A esto se suma la deficiente calidad en el intercambio de información entre plataformas internas y externas. Como resultado, los modelos más innovadores se quedan atrapados en entornos experimentales, los descubrimientos no se traducen en acciones operativas y el retorno de inversión se vuelve casi inalcanzable.

El principal obstáculo radica en que las infraestructuras de datos tradicionales pertenecen a una era tecnológica completamente distinta. Su propósito original era el reporte retrospectivo, agrupando información histórica en paneles y resúmenes estáticos. Estos sistemas, dependientes del procesamiento por lotes y de arquitecturas fragmentadas, colapsan ante las exigencias dinámicas de la IA.

Las consecuencias son evidentes en el día a día corporativo: los flujos de datos no ocurren en tiempo real, lo que retrasa la obtención de valor. Además, la información permanece aislada en silos departamentales y geográficos, limitando drásticamente su utilidad práctica.

Para superar este estancamiento, el reporte de Ness subraya la necesidad de transitar hacia plataformas de datos que estén verdaderamente «listas para la IA». No se trata de simples actualizaciones de software o parches sobre sistemas heredados, sino de un cambio fundamental en la arquitectura digital de las organizaciones.

Desarrollar una nube propia

El paquete de soberanía propuesto por Europa tiene dos variantes. La primera es la Ley de Desarrollo de la Nube y la IA, que adoptará incentivos que favorezcan la construcción de centros de datos europeos con la misión de que la UE triplique su capacidad en los próximos cinco a siete años. Para ello, se apuesta por una simplificación normativa, así como de su armonización a escala europea.

Esta ley también fomentará el desarrollo propio de tecnologías basadas en la nube. Actualmente, más del 70% del mercado del cloud computing en la UE está en manos de tres gigantes estadounidenses: Amazon, Microsoft y Google. El giro de Bruselas beneficiará a actores tecnológicos europeos de nube como la francesa Scaleway, la suiza Exoscale o la alemana Stackit y a alternativas europeas de IA como la francesa Mistral AI, la alemana Aleph Alpha o la española Multiverse Computing.

Para ello, la Comisión establecerá cuatro criterios para que los países de la UE puedan realizar «evaluaciones de riesgos para la soberanía» al elegir a sus proveedores. Según el Financial Times, esas clasificaciones «estarán vinculadas a criterios que incluyen quién controla el servicio, la cadena de suministro, el procesamiento de datos para modelos de IA, y la ubicación de la infraestructura y la ciberseguridad».

Fabricación de chips europeos

La segunda variante de la estrategia es tan o más importante que la anterior. Se trata de la Chips Act 2, la segunda versión de su ley sobre chips con la que la UE quiere reforzar la fabricación nacional de semiconductores, vitales para el funcionamiento de todo producto electrónico. Al regar un ecosistema soberano, Bruselas también podría beneficiar a entidades como el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) que trabajan, desde hace años, en el diseño de chips de código abierto para reducir la dependencia exterior de esa tecnología.

En este nuevo escenario, la ventaja competitiva no será para quien acumule la mayor cantidad de datos, sino para aquel que logre conectar datos, eventos y decisiones con la mayor efectividad posible.

Devarajan advierte que esta capacidad definirá el liderazgo en sectores clave como el transporte, la manufactura, la logística, la banca, los seguros, el comercio minorista y la energía. Para Europa, las apuestas son altísimas. Aunque su entorno regulatorio es complejo, también representa una oportunidad invaluable para construir sistemas de IA basados en la confianza y la responsabilidad. Pero aprovechar este potencial dependerá de la modernización de sus cimientos digitales. Al final, la verdadera promesa de la IA no se cumplirá en un laboratorio aislado, sino en la arquitectura diaria de la toma de decisiones.

Artículo escrito por Stiven Cartagena

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Por Amenhotep Planas Raga

Nuestro editor es licenciado en comunicación social con maestrías en Televisión y en Ciencias de la Comunicación y doctorante en Ciencia Política. Filólogo y comunicólogo.

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