Gisela Rodríguez
Habitantes de Caricuao permanecen en alerta frente a la posibilidad de otros sismos. Hay personas que permanecen en el estacionamiento y otros aunque están en sus apartamentos están «listos» para salir corriendo
Los dos terremotos que se registraron este 24 de junio en Venezuela no dejaron daños graves en los edificios de la UD3 de la parroquia Caricuao, ubicada en el municipio Libertador, pero el susto dejó en shock a muchos de sus habitantes y activó la solidaridad de otros.
El edificio 5, frente a la estación del metro Zoológico, se movía hacia adelante y hacia atrás. Parecía que se iba a caer. En medio de la angustia, los vecinos esperaron que pasara el sismo -hasta ese momento se pensaba que había sino solo uno- y todos bajaron hasta planta baja. Esta estructura de 19 pisos, al igual que todos los edificios de la parroquia, fue construida bajo estándares y normas sismorresistentes. Sin embargo, la antiguedad y la falta de mantenimiento adecuado hacen mella, por lo que es mejor prevenir.
Se quedaron en el estacionamiento toda la noche. «Aquí los vecinos apoyaron entre todos», contó Catalina, quien explicó como se activó sin mucha planificación una red de apoyo para ayudar a los que estaban más vulnerables.
«Los más jóvenes subían a ayudar a los viejitos a bajar porque muchos no pueden caminar o están en sillas de ruedas«, dijo.
También se organizaron para proveer agua, comida y medicinas. «Bajaron pastillas de la tensión y acetaminofén» para las personas que pudieron olvidar las suyas al salir corriendo de sus apartamentos.
A la hora de descansar, hubo personas que abrieron sus camiones para que la gente se resguardara.
En otro de los edificios, ubicado en la UD3 de Caricuao, también pernoctaron en los estacionamientos. La estructura no sufrió daños, una grieta leve entre las columnas, pero nada grave. Tras los sismos, todos bajaron a la planta baja buscando mayor seguridad. Solo las personas con movilidad reducida se quedaron en sus casas.
«Nadie durmió en los apartamentos, los que tienen carro durmieron en ellos y los que no tienen bajaron sillas y se quedaron en el estacionamiento», dijo Eloina, quien tiene más de 20 años viviendo en el edificio y cuenta que es la primera vez que sintió un temblor tan fuerte.
Un equipo de Protección Civil los acompañó un rato la noche del miércoles 24 para constatar la situación de la comunidad y ofrecer algunas recomendaciones.
En la mañana de este jueves 25, en el edificio contaban con gas directo, luz y buenas comunicaciones. «Estamos tratando de recuperar la calma dentro de lo que se puede. Yo juraba que hasta ayer llegaba», expresó.
Con la sensación del temblor permanente
El susto vivido la tarde del miércoles dejó en shock a muchas personas: «Yo siento que todavía tiembla, que todo se mueve, quedé en trauma», afirmó Mariana, una joven de la UD3.
Tras los sismos, en Caricuao se quedaron sin luz y sin señal. La posibilidad de comunicarse con algún familiar se redujo a la nada. «Estamos en Antímano buscando señal, pero estamos bien», logró escribir Andrea a su familia.
En el sector de Ruiz Pineda, los sismos también se sintieron con fuerza. «Pensé que todo se desplomaría», comentó Ligia, quien estuvo hasta las 11 de la noche en el estacionamiento de su residencia, junto a su familia.
24 horas después de los temblores, la gente en Caricuao y Ruiz Pineda permanece alerta ante la posibilidad de nuevos movimientos telúricos. Unos se mantienen en las áreas comunes y otros están en sus apartamentos, pero «vestidos, listos para salir, y a la expectativa».
Según el balance oficial dado la tarde del 25 de junio -24 horas después de los dos sismos- alrededor de 235 personas perdieron la vida y más de 4.300 están heridas.
Foto cortesía vecinos



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