Dr. César Ramos Parra

‎​Ya no tiene sentido hablar de «izquierda» o «derecha». Dichos términos, que en el pasado tuvieron relevancia, carecen hoy de utilidad para definir la orientación de las organizaciones políticas, sobre todo, cuando las tendencias globales demuestran que solo a través de la libertad —en todos sus ámbitos— es posible alcanzar el progreso de los pueblos.

‎​La dicotomía izquierda – derecha, surgió durante la Revolución Francesa y se consolidó en la era industrial en torno al conflicto entre capital y trabajo. Sin embargo, en las sociedades actuales —postindustriales, digitalizadas y globalizadas— la política se ha vuelto multidimensional, planteando dilemas transversales como el intervencionismo frente al libre mercado, el conservadurismo frente al progresismo, el surgimiento de nuevas agendas sociales como el ecologismo y cambio climático, el feminismo, las identidades de género, entre algunas otras.

‎​Lo que permanece inmutable a todo ello, es el sentido de la política como una actividad humana orientada a la convivencia comunitaria, la negociación del pluralismo y la transformación de la realidad colectiva.

‎​Por esta razón, cobra cada día mayor vigencia la encíclica Populorum Progressio («El desarrollo de los pueblos»), promulgada por el papa san Pablo VI el 26 de marzo de 1967.

Este documento fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia enfatiza la necesidad de que la política se oriente a resolver las desigualdades socioeconómicas globales y la falta de justicia distributiva, promoviendo el principio de solidaridad internacional para alcanzar el bien común.

El propio pontífice señaló que la política es «una de las formas más altas de la caridad» e instó a los gobernantes a actuar como servidores íntegros y desinteresados.

‎​Estas reflexiones permiten afirmar que quienes, haciendo uso indebido del poder, manipulan o desconocen la voluntad popular expresada en las urnas —donde reside la soberanía— pervierten las instituciones del Estado. Tal conducta constituye un acto delictivo cuyos responsables deben ser sancionados no solo por los mecanismos judiciales nacionales, sino también por la justicia internacional cuando la local haya sido cooptada o secuestrada.

‎​De todas estas prácticas, hemos sido víctimas los venezolanos, al igual que los pueblos de Cuba y Nicaragua. Asimismo, se observa una preocupante tendencia en diversos líderes de la región a incurrir en este delito, subvirtiendo la legalidad para perpetuarse en el mando.

‎​Por ello, resulta indispensable promover una sólida cultura política a través de la educación, lo que permitirá a la ciudadanía elegir líderes auténticos, con vocación de servicio, intachable trayectoria y comprobada experiencia, así como el ejercicio de la contraloría social. De igual forma, es crucial establecer marcos legales que regulen el poder discrecional y prohíban expresamente la reelección indefinida, al ser esta un factor determinante en la manipulación de las instituciones y un incentivo a la concupiscencia del poder.

‎Luz para todos…

‎Dr. César Ramos Parra.

‎Profesor universitario.

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