Fue un sábado y no un domingo
Dr. Henrique Salas Römer
El 17 de octubre de 2026, en Guayaquil, el padre Patricio Sánchez Molinari recordaba a sus fieles la fragilidad de nuestra existencia con una certeza rotunda: «Un día todos los que estamos aquí también vamos a morir».
En su homilía, el sacerdote comentaba con dolor cómo los teléfonos celulares se habían convertido en una fuente de distracción constante, un velo que nos roba el tiempo de calidad que le debemos a Dios y a nuestros seres queridos.

¿Un nuevo becerro de oro?
Poco después, el pesado crucifijo ubicado detrás del altar se desprendió y le quitó la vida. No fue cualquier objeto. Fue el signo de muerte… y de Resurrección.
Muchos hablarán, y con razón, de una trágica coincidencia. Pero el crucifijo llevaba años allí. Pudo caer cualquier otro día, a otra hora, a otro minuto, pero cayó justo después del Credo y antes de la Liturgia de la Eucaristía. La sincronía es tan densa que despierta interrogantes.
Un estudioso podría pensar en la sincronicidad: un acto sin explicación causal pero desbordante de un significado trascendente. Pero no. Jung, quien describió el fenómeno, reservó la sincronicidad a quien individualmente la vive. Y este acontecimiento tuvo un significado universal: cualesquiera fueran sus coordenadas geográficas o sus creencias, lo sintió el mundo entero.
Algunos hablan de la Providencia Divina. Yo mismo no lo descarto. A veces ocurren cosas que no tienen otra explicación.
Fue transmitido en vivo
Lo cierto es que, al ser filmado, el acontecimiento, la muerte del sacerdote, difundió exponencialmente sus advertencias y, utilizando los mismos dispositivos que él señalaba, los telefonos celulares, obligó a una generación ensordecida, la nuestra y la de quienes vienen atrás, a detenerse, mirar la palma de su mano y confrontar… no el presente infinito, el scroll sin secuencia, sin episodios, sin memoria, sino la vida misma con sus momentos de alegría, el grato sabor de la convivencia y los misterios más profundos de la fe y la esperanza, de la muerte y la Resurrección.

