Econ. Manuel Paredes
La opinión pública venezolana respecto a Donald Trump ha experimentado un giro drástico y complejo recientemente en 2026. Analizando los datos de firmas como Meganalisis y reportes reflejados en medios internacionales (incluyendo mediciones reseñadas por The Economist), la percepción pasó de una luna de miel de altísima gratitud a un marcado desgaste y escepticismo.
1. El pico de apoyo (Enero 2026)
A principios de año, la popularidad de Trump en los sectores opositores de Venezuela alcanzó niveles históricos. Tras eventos de alto impacto en la política exterior estadounidense —especialmente la captura y salida del poder de Nicolás Maduro—, el respaldo social fue abrumador:
Nivel de Gratitud: Encuestas de inicios de año reflejaron que hasta un 92.2% de los venezolanos manifestaban agradecimiento u optimismo hacia las acciones de la administración de Trump, percibiendo que sus medidas drásticas forzaban un cambio real y un «futuro mejor» tras años de estancamiento.
2. El desplome y descontento (Abril – Julio 2026)
Apenas tres meses después, el panorama cambió de forma radical. La misma encuestadora Megaanalisis registró una caída libre en los niveles de aprobación y gratitud ciudadana, situándose en torno al 47.08%.
¿Por qué se desplomó su popularidad?
Esta pérdida de más de 45 puntos porcentuales en el respaldo popular responde a dinámicas muy específicas de la nueva realidad geopolítica:
El giro transaccional hacia el petróleo: Trump ha elogiado públicamente un supuesto «espíritu de progreso» y la llegada de corporaciones petroleras atraídas por el crudo venezolano. Para amplios sectores de la población, este enfoque puramente comercial se percibe como un giro de espaldas a la transición institucional. Existe el temor fundado de que la Casa Blanca priorice los negocios energéticos y la estabilidad del mercado internacional por encima del restablecimiento de una democracia plena.
El trato con el nuevo liderazgo del régimen: Los elogios directos o la apertura de canales de negociación con figuras del chavismo que retienen el control fáctico (como Delcy Rodríguez) han generado profunda fricción con la narrativa de la oposición interna, liderada por María Corina Machado. El pragmatismo de Trump contradice las expectativas de una línea dura y de una salida absoluta del aparato chavista.
La crisis económica persistente: A pesar de las promesas de reactivación o los cambios en el flujo de capitales, el ciudadano promedio sigue enfrentando el peso de una deuda externa asfixiante (proyectada por firmas como Oxford Economics cerca del 193% del PIB) y una canasta básica inaccesible. La «estabilidad» macroeconómica percibida desde el extranjero no se traduce en el bolsillo del venezolano común.
En resumen: La popularidad de Trump en Venezuela mutó de una aprobación casi unánime a una opinión dividida y escéptica. Hoy en día, menos de la mitad de la población evalúa positivamente su gestión, dominando un sentimiento de que el país se ha convertido en un laboratorio de conveniencia económica para Washington, sacrificando el ideal de una resolución democrática transparente.
Economista
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