Dr. José Ernesto Pons B

El inicio de este análisis debe destacar el contexto de las guerras de independencia: las milicias y «montoneras» (1810-1816). Estas fueron integradas por una generación que transformó el miedo en el arte de la defensa de un país aún poco delimitado. Al principio, se trataba de grupos irregulares, guerrillas y milicias locales con escaso entrenamiento; combatientes civiles, campesinos y esclavos agrupados bajo el mando de caudillos regionales.

Con poco armamento profesional y casi ninguna disciplina táctica, esa fue la semilla que germinó en las fuerzas armadas. Hacia los años 1817-1819, Simón Bolívar comprendió que para derrotar a los veteranos españoles necesitaba una fuerza profesional. Desde Angostura (hoy Ciudad Bolívar), comenzó a estructurar el Ejército Libertador, dotándolo de disciplina, rangos, códigos militares, jerarquías claras y tribunales de guerra. Al sumar la experiencia de las Legiones Británica e irlandesa, proveyó al cuerpo de objetivos militares claros, logrando que las diestras, pero indisciplinadas caballerías de José Antonio Páez se integraran a un mando centralizado.

Para la Batalla de Carabobo y la Campaña del Sur (1821 en adelante), el Ejército de la Gran Colombia era ya una maquinaria formal. En pocas palabras, aunque nacieron como grupos de ciudadanos voluntarios, Bolívar los convirtió en una fuerza profesional capaz de realizar maniobras complejas como el paso de los Andes y derrotar a ejércitos europeos en campo abierto.

Al recorrer esta visión panorámica, se entiende que las fuerzas armadas venezolanas, en sus orígenes bolivarianos, forjaron su espíritu en la defensa de la soberanía frente al enemigo extranjero con grandeza y valentía. Sin embargo, cabe preguntarse ¿qué ocurrió con esa fuerza de dignidad que defendieron al Estado cuando la Presidencia de Rómulo Betancourt (Porteñazo)?

Otra cosa fue, cuando bajo los gobiernos militaristas y las dictaduras de Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez y Hugo Chávez como Nicolás Maduro, desde 1999 hasta 2026, fue convertida en una casta traidora. Lo que debió ser una visión clara de protección al ciudadano se transformó en un cuerpo de esbirros al servicio de intereses extranjeros, cubanos, rusos y grupos irregulares. Donde la connotación fue, “Nuestro Enemigo es el Pueblo a quien subyugar”

La corrupción de los altos mandos, ofuscados por negocios ilícitos como el narcotráfico, ha dado paso a calificativos como verdugos, mercenarios y «bozal de arreo». Estos términos reflejan el nivel de un ejército que en otros tiempos ofreció la libertad a un continente y que el pasado 3 de enero de 2026 mostró el abismo en el que se ha permitido caer.

Tras una elección democrática, surgirán que ya las hay, voces que claman por la desintegración de estos cuerpos castrenses, hoy contaminados por una ideología corrompida al estilo cubano. Es imperativo un saneamiento integral de los organismos de seguridad ciudadana colmadas de agentes cubanos y estilos vergonzosos. Muchos deberán enfrentar la justicia y cumplir penas de cárcel por la variedad de delitos cometidos, especialmente por la sistemática violación de los Derechos Humanos.

Dr. José Ernesto Pons B / Auto del libre El Estado Psicosocial Latinoamericano – Editorial Paginas de Agua, Bogotá, Colombia.

Y no olvides seguirnos en Instagram como elpregon.news y en Facebook como El Pregón Venezolano @ElPregonVenezolano. Para contactos: +58 4125293730 – 0414 6385161 – 0416 2250260, y recuerda que el periodismo independiente requiere de tu apoyo económico: BDV 4155285 Telf. 04146385161.

Diario El Pregón copyright 2023 Desarrollado por @SocialMediaAlterna