EDITORS NOTE: Graphic content / Forensic experts line up corpses on the floor next to coffins in the port of La Guaira, La Guaira State, Venezuela on June 29, 2026, following the June 24 twin earthquakes. Hopes were fading on June 29, 2026 of finding survivors more than four days after powerful twin earthquakes struck Venezuela, as residents grow increasingly frustrated with the government's response to the disaster that has killed at least 1,450 people and left tens of thousands unaccounted for. (Photo by Juan BARRETO / AFP)

El expresidente de la Academia Nacional de Medicina cuestionó que los cuerpos quedaran expuestos a altas temperaturas en la morgue improvisada en Los Silos, en el puerto de La Guaira, y afirmó que esas condiciones aceleraron la destrucción de los tejidos. Criticó que el Estado “no haya aprendido” de las tragedias naturales ocurridas en Vargas, Las Tejerías o Mérida, que fueron situaciones que rebasaron la capacidad de respuesta

“Pudieron agarrar 50 contenedores y colocar un sistema de aire acondicionado móvil o portátil, y generar una mínima preservación hasta que se cumpliera adecuadamente un proceso de reconocimiento», expresó el patólogo Enrique López Loyo

La identificación de los fallecidos debido a los terremotos ocurridos hace más de un mes en Venezuela, que desdibujaron principalmente al estado La Guaira, debe ser una prioridad para el Estado venezolano. Así lo afirmó el patólogo Enrique López Loyo, expresidente de la Academia Nacional de Medicina, quien explicó a El Nacional que esto constituye un derecho humano inalienable vinculado a la dignidad de la persona.

“Todo ciudadano tiene derecho a una partida de nacimiento, pero al fallecer también tiene derecho a un acta de defunción que especifique básicamente la causa de su muerte, independientemente de su edad, sexo o lugar donde falleció. En este caso, el fundamento es identificar a quienes se están rescatando o se han rescatado, y para eso hay un protocolo”, manifestó.

El especialista señaló que las normas internacionales establecen una serie de pasos que comienzan con la codificación de cada cuerpo, la toma de fotografías y estudios de huellas dactilares. Posteriormente, se aplican otros métodos de identificación, como el análisis de características de la piel —entre ellas cicatrices, lesiones o tatuajes—, estudios odontológicos y pruebas genéticas.

Sobre los restos que aún puedan encontrarse durante la remoción de escombros, indicó que se debe seguir el mismo proceso y que elementos como ropa, documentos o características personales de las víctimas pueden aportar información. En casos de mayor destrucción corporal, los análisis genéticos u odontológicos pueden convertirse en las principales herramientas.

El patólogo cuestionó que los captahuellas no se utilizaran de forma masiva durante las labores de identificación

Enrique López Loyo dijo que la utilización de fosas comunes en una tragedia de gran magnitud no implica arrojar cuerpos sin identificación ni registro | Foto: Miguel Medina / AFP

López Loyo añadió que una historia médica digital con antecedentes de salud y otros datos facilitaría saber quiénes son los fallecidos en situaciones de desastre, pero lamentó que Venezuela enfrente limitaciones en este sentido debido a la falta de sistemas integrados de información. Consideró entonces que la tragedia expuso la necesidad de fortalecer los sistemas de respuesta, identificación y atención social ante eventos que superan las capacidades ordinarias del Estado.

Enfatizó en que uno de los principales retos en una zona como La Guaira es que muchos de los afectados posiblemente no residían de forma permanente en el lugar del desastre y eso complica los procesos porque pudieron haber estado en la zona personas que, al ser un día feriado, se encontraban de visita, alquilaron apartamentos o se hospedaron en hoteles sin que sus familiares conocieran su ubicación.

Cada cadáver, puntualizó el experto, debe tener un código asociado al lugar donde fue hallado y datos como sexo, características físicas y huellas disponibles que permitan su identificación.

“Excelente si se identificó el cadáver y lo entregaron a los familiares o deudos mediante el procedimiento judicial establecido, pero cuando el Estado tiene los cuerpos debe resolver porque la descomposición avanza y poner cal no es lo correcto porque acelera la destrucción del tejido; eso rompe y destruye las proteínas que forman parte del reconocimiento facial, así como lesiones, cicatrices o incluso tatuajes que pueden ayudar en la identificación”, planteó.

Además, el patólogo cuestionó que los captahuellas no se utilizaran de forma masiva durante las labores de identificación de las víctimas y aseguró que el uso generalizado de estos equipos habría facilitado el proceso porque el país cuenta desde hace años con un sistema de identificación biométrica que registra las huellas de gran parte de la población.

El Estado no implementó alternativas

López Loyo explicó asimismo que el manejo de los cadáveres recuperados, específicamente en La Guaira, requería medidas inmediatas de identificación y preservación que no se aplicaron de forma adecuada en Venezuela. Afirmó que a las autoridades les faltó ingenio y capacidad de respuesta para implementar alternativas ante la ausencia de sistemas de conservación, a pesar de que los protocolos internacionales establecen que se deben rescatar los cuerpos y ponerlos en refrigeración para retrasar la descomposición.

Se pudieron, consideró, haber instalado carpas militares con sistemas de aire acondicionado móviles o adaptado contenedores del propio puerto de la entidad con equipos de refrigeración mientras avanzaban los procesos forenses.

Cuestionó que los cuerpos quedaran expuestos a altas temperaturas en la morgue improvisada en Los Silos, un complejo ubicado dentro del puerto de La Guaira. Esas condiciones, aseguró, aceleraron la destrucción de los tejidos, lo que dificulta la posterior identificación de las víctimas. “Pudieron agarrar 50 contenedores y colocar un sistema de aire acondicionado móvil o portátil, y generar una mínima preservación hasta que se cumpliera adecuadamente un proceso de reconocimiento. (Se tuvo que) evitar lo que se vio. Ubicarlos en un descampadero, sobre un puerto, a 50° o 40° al mediodía o en la tarde no ayudó y no contribuyó al proceso de recuperación”.

Qué debió hacerse con los cadáveres recuperados durante las primeras 48 horas tras los terremotosCientos de cadáveres quedaron expuestos durante horas a altas temperaturas en La Guaira | Foto: Juan Barreto / AFP

“El Estado no tuvo la capacidad de responder inmediatamente desde el punto de vista operativo. No existió atención inmediata, no hubo un traslado adecuado ni había maquinarias, pero, por encima de eso, faltó tener la creatividad para solucionar problemas”, reafirmó el patólogo.

“Venezuela no aprendió”

López Loyo agregó que las primeras 48 horas después de un desastre son determinantes para salvar vidas y reducir las consecuencias posteriores. “El Estado no aprendió de lo que ocurrió en Vargas, en Las Tejerías (Aragua) o en Mérida, que fueron situaciones que rebasaron la capacidad del Estado”, criticó.

Aunque reconoció el trabajo realizado por los equipos internacionales que se desplegaron sobre el terreno, el especialista insistió en que las autoridades debieron garantizar una capacidad de respuesta interna que permitiera actuar con mayor rapidez.

Reconoció asimismo las labores de búsqueda y rescate de los propios sobrevivientes y familiares que, sin recursos ni insumos, trataron, y tratan todavía, de conseguir a sus allegados que se encontraban bajo los escombros.

En la parte médica, dijo que el país necesita desarrollar la medicina prehospitalaria, que no sean solamente técnicos y paramédicos quienes lleven este proceso, sino médicos con especialización como ocurre en países desarrollados.

“Que se hagan posgrados para intensivistas, traumatólogos, profesionales de la enfermería con rango académico elevado como licenciaturas. Venezuela necesita abrir ese compás de formación y, además, desde el punto de vista de respuesta, el Estado debe tener las capacidades de movilización, de maquinarias y de personal que esté a tiempo”, planteó.

En respuesta a los cuestionamientos que han surgido sobre el manejo de los cadáveres, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas aseguró que el uso de un espacio abierto para el procesamiento de las víctimas respondió a criterios de bioseguridad y a la necesidad de agilizar las labores de identificación. Además, afirmó que la cifra oficial corresponde al número de cuerpos ingresados al sistema forense, no al de personas desaparecidas.

También detalló que los cadáveres pasan por un proceso de identificación que incluye un registro fotográfico, la toma de huellas dactilares cuando es posible, la elaboración de un perfil antropológico y un odontograma, así como la extracción de muestras de ADN. Según el Cicpc, cada cuerpo o resto humano recibe un expediente individual y permanece bajo una estricta cadena de custodia para facilitar su identificación y posterior entrega a los familiares.

“Un Estado desguarnecido de recursos”

El patólogo también destacó la preparación del personal forense venezolano, pero señaló que el número de profesionales está por debajo de los requerimientos nacionales. Estimó que el país cuenta con apenas entre 10% y 15% de los especialistas necesarios para atender a una población de más de 30 millones de habitantes, una situación que atribuyó a la crisis económica y social, así como a la migración.

“El grupo forense venezolano es extraordinario, es muy bueno. Pero ha sido rebasado”, manifestó López Loyo, quien expresó que los errores ocurren cuando se tiene que buscar ayuda en otros entes que no tienen la experticia, como el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas o policías con áreas de componentes de investigación.

Qué debió hacerse con los cadáveres recuperados durante las primeras 48 horas tras los terremotosEnrique López Loyo, expresidente de la Academia Nacional de Medicina | Foto: Tairy Gamboa / El Nacional

El especialista atribuyó parte de las dificultades a problemas estructurales en los sistemas de atención y coordinación. Señaló que Venezuela cuenta con múltiples servicios de salud con diferentes mandos y sin una coordinación integrada, lo que complica la respuesta ante emergencias de gran escala. “Tenemos un Estado desguarnecido de recursos. Son fallas impresionantemente letales para estas circunstancias. Todo se rebasó. Realmente cualquier país hubiese tenido un desfase en cuanto a la atención rápida y la búsqueda de cadáveres, en este caso de víctimas. Sin embargo, en Venezuela ya teníamos la destrucción del propio sistema sanitario en general, de la atención prehospitalaria, de los sistemas de identificación rápida y la coordinación, que es el otro problema”.

¿Un milagro?, depende

El expresidente de la Academia Nacional de Medicina indicó que la posibilidad de sobrevivir dentro de una estructura colapsada disminuye con el paso de los días debido a la falta de agua y nutrientes. Acotó que las personas con mayor posibilidad de mantenerse con vida son aquellas que se encuentran cerca de alguna fuente de hidratación mínima, como una nevera o una piscina.

“Lo que hemos visto en el análisis de los casos de supervivencia son personas que tenían acceso a agua. Inclusive niños que tenían acceso a salsas de tomate, alguno de ellas picante. Es lamentable, ya el tiempo de vida ha pasado, pero decretar la no existencia de vida también es un compromiso porque pueden estar allí con vida todavía. Como digo, si cayó al lado de una piscina, de una fuente de agua que todavía está habilitada, esa persona está viva, con toda seguridad”, manifestó.

López Loyo explicó que, sin hidratación ni nutrientes suficientes, el organismo comienza a consumir sus propias reservas hasta que finalmente colapsa.

“La aparición de vida es inversamente proporcional al tiempo, porque hay una degradación corporal. Las reservas del individuo empiezan a mermar cuando no hay hidratación adecuada ni el sustento proteico adecuado ni nutrientes como carbohidratos. El cuerpo se empieza a comer a sí mismo. El metabolismo saca proteínas de sus componentes musculares y de su hígado, y allí, cuando se acaban esas reservas, fallece inexorablemente”, detalló.

Se aceleró la descomposición

Dijo que la descomposición corporal comienza rápidamente y que los factores ambientales pueden acelerarlo. Indicó que los cambios físicos comienzan con la rigidez del fallecido y posteriormente pueden aparecer flictenas, que son ampollas en la piel que se llenan de sangre y se rompen durante las primeras 48 horas. Este proceso se acelera por las altas temperaturas.

En La Guaira continúa el rescate de cadáveres | Foto: Cem Tekkesinoglu / Anadolu via AFP

“Estamos hablando de una zona de playa. En esas zonas, además de confinamiento entre paredes, las altas temperaturas pueden superar hasta los 50°. Entonces el proceso destructivo se acelera. Además, los pacientes que pudiesen estar en una fase de supervivencia dentro de una estructura de atrapamiento también fallecen porque hay deshidratación súbita”, añadió.

Expuso que la putrefacción genera gases producto de la degradación y que algunos de ellos pueden representar un riesgo para quienes participan en las labores de rescate.

“En 48 horas comienza la destrucción y la temperatura acelera el proceso. Las flictenas se rompen, esos líquidos caen en la zona y, a medida de que los tejidos se destruyen, la putrefacción lleva a la aparición de algunos gases letales. Inicialmente son los gases convencionales de la combustión, los mismos que vemos, por ejemplo, en la combustión de una cocina con gas convencional. Del metano se pasa a otros gases que pueden ser muy letales”, afirmó.

En la fase de rescate, eso supone un riesgo para las personas que están alrededor.

¿Qué queda bajo los escombros?

Los terremotos también provocaron pérdidas humanas, heridos y daños materiales en Caracas y otras localidades del centro-norte del país, pero La Guaira sigue siendo el principal foco de la emergencia y es la única zona donde continúa la búsqueda de cadáveres. En la entidad colapsaron decenas de edificios residenciales, incluidos complejos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, en los que se presume había cientos de personas al momento de la tragedia.

López Loyo, excandidato a rector de la Universidad Central de Venezuela, indicó que, pasado un mes de la tragedia, bajo los escombros en La Guaira todavía quedan restos humanos que han sufrido un deterioro progresivo, pero que sirven para establecer la identidad de la víctima. “Aún pueden encontrarse restos humanos en condiciones precarias, la ropa que llevaban puestas las víctimas o sus huesos”, dijo.

En casos de derrumbes o aplastamientos, indicó el patólogo, muchas muertes pueden producirse por el síndrome de aplastamiento, un proceso provocado por la compresión prolongada de músculos y tejidos debido al peso de estructuras colapsadas.

“Se comprimen los vasos sanguíneos que llevan el oxígeno, lo que produce una necrosis —muerte progresiva del tejido—. Como consecuencia, se liberan a la sangre sustancias del músculo, como la mioglobina —una proteína—, además de potasio y otros elementos. Eso genera toxicidad y obstrucciones que afectan al riñón, en primer lugar, y provoca una insuficiencia renal persistente hasta que se produce la muerte”, señaló.

López Loyo indicó asimismo que incluso algunas personas rescatadas con vida pueden morir si no reciben atención médica antes de que las liberen completamente de la presión porque cuando un cuerpo deja de estar comprimido se restablece la circulación de la sangre y se arrastran esas sustancias dañinas. Muchos de los sobrevivientes deben ingresar a terapia intensiva.

“Lo correcto sería un tratamiento inmediato antes de sacarlo de los escombros: una hidratación fluida para limpiar el área vascular y que la falta de líquidos en el cuerpo se compense para que no se produzca una obstrucción. Pero la muerte se produce básicamente porque hay un atrapamiento corporal, una destrucción de tejido, un daño que lleva a la paralización renal y ahí falla todo”, explicó.

¿Riesgo de infección masiva?

El especialista aclaró que los cadáveres en una tragedia de estas características no implican un riesgo de epidemia. “No hay un riesgo de infección bajo esa condición. No ha habido una pandemia que genere la proliferación de virus, de bacterias u otros organismos”, aseguró.

Expresó que el riesgo podría ocurrir cuando los líquidos provenientes de cuerpos en descomposición entran en contacto con fuentes de agua destinadas al consumo humano, pero esa posibilidad no era previsible en La Guaira debido a las condiciones del área. Señaló también que la salinidad del mar reduce las posibilidades de proliferación de algunos agentes infecciosos.

“Puede ser que, en casos de atrapamiento, destrucción y putrefacción local, ese líquido se una con las lluvias y entre en contacto con aguas de fuente de consumo masivo, una cosa que no es previsible en La Guaira. Sí puede llegar a las áreas de la playa si están muy cerca; sin embargo, la salinidad destruye posibilidades de infección porque la sal es un elemento que neutraliza ese efecto”, dijo.

Funcionarios del Cicpc en proceso de identificación de cadáveres en La Guaira | Foto: Cicpc

Enrique López Loyo criticó el manejo de los cadáveres recuperados de entre los escombros | Foto: Cicpc

Tras un mes de los terremotos de 7,2 y 7,5 que se registraron en Venezuela, los equipos que participan en labores de recuperación de cadáveres deben reforzar las medidas de protección debido a la posible presencia de gases peligrosos derivados de la descomposición de restos humanos.

Aclaró que esos escenarios representan riesgos puntuales y no una amenaza generalizada.

La fosa común requiere protocolos

Enrique López Loyo dijo que la utilización de fosas comunes en una tragedia de gran magnitud no implica arrojar cuerpos sin identificación ni registro, sino que existen protocolos internacionales que permiten preservar la individualidad de cada víctima cuando la capacidad de respuesta del Estado es superada. Cuando se aplica, debe hacerse con separación entre cuerpos y con un registro previo que incluya fotografías y datos de identificación para facilitar futuras búsquedas de familiares.

En el caso de Venezuela, los cadáveres no identificados están siendo enterrados en fosas separadas y las autoridades aseguran cumplir los procedimientos que garanticen su identificación futura.

“En la norma internacional están permitidas las fosas comunes porque existe un momento en la cual se rebasan las capacidades del Estado de reconocimiento, procura y entrega de cadáveres. Por lo tanto, hay protocolos para codificar los cuerpos con características individualizadas: registros fotográficos, registros dactilares, registros de características corporales, y eso individualiza cada caso”, manifestó.

“Hay normas internacionales que generalmente establecen una canal abierta con mínimo 2,5 metros de profundidad, en la cual se colocan las urnas, bien sea de material de madera o material de PVC, plástico o polietileno, donde estén los cadáveres resguardados con su identificación, con su código”, añadió López Loyo.

Hace dos semanas, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, negó que los cadáveres no identificados estén siendo ubicados en fosas comunes y aseguró que los cuerpos son sepultados en fosas individuales en el cementerio La Esperanza, luego de tomar muestras que permitan que sus familiares los identifiquen.

En el lugar se ha podido constatar que los cadáveres son enterrados en varias hileras, cada uno en su ataúd, con cruces y piedras blancas que delimitan cada tumba. En las cruces se señala un código que permitiría su identificación, por ejemplo: G-55, identificación especial N° 274, 24 de junio de 2026.

López Loyo explicó que el uso de códigos para los cuerpos que aún no se han identificado está establecido internacionalmente. Esto permite mantener un registro mientras avanzan las investigaciones forenses y evita que los cuerpos pierdan información asociada al lugar donde los encontraron.

López Loyo explicó que el uso de códigos para los cuerpos que aún no se han identificado está establecido internacionalmente | Foto: Tairy Gamboa / El Nacional

La última vez que las autoridades actualizaron el balance de personas desaparecidas fue el 25 de junio, cuando informaron que 157 permanecían en paradero desconocido, pero datos extraoficiales sostienen que el número de desaparecidos podría ascender a miles. La iniciativa Desaparecidos Terremoto Venezuela, de hecho, registra casi 30.000 reportes de personas cuyo paradero se desconoce.

“Nos encontramos con un desastre natural que es incuantificable en este momento. Las cifras oficiales por supuesto que están muy pero muy por debajo de la cifra real”, consideró.

En relación con el cementerio La Esperanza, cree que se escogió un terreno con condiciones adecuadas.

“Tiene un nivel freático bajo, está en una zona de poca capacidad de derrumbes y más asentado desde el punto de vista del terreno. Se ha utilizado una norma de individualizar cada fosa para cada cadáver encontrado; también es válido. Lo importante es que esa codificación se mantenga”, explicó.

Para el patólogo, el reto es garantizar que los familiares puedan ubicar a sus allegados.

Casos de suicidio en La Guaira

El patólogo alertó que, debido a que la tragedia ha generado consecuencias psicológicas graves entre los sobrevivientes y familiares de las víctimas, ha recibido reportes sobre suicidios de personas rescatadas que perdieron familiares, viviendas y sus empleos. “En una semana se recibió un reporte de ocho suicidios de personas rescatadas”, señaló López Loyo, aunque aclaró que se trata de una cifra extraoficial.

Esta situación, alertó, requiere atención por el impacto emocional en quienes sobrevivieron al desastre. También cuestionó que la atención pública se concentre únicamente en determinados lugares y señaló que se deben considerar otras zonas afectadas por los terremotos como El Junquito y pueblos de la región norte-costera de Venezuela.

“Esto no es un hecho mediático, esto es un hecho humano. Hay que asumirlo con la dignidad de la humanidad. Todos son venezolanos. Todos son padres, madres, hijos, abuelos, nietos, tienen una historia familiar detrás”, manifestó.

El patólogo advirtió que otra de las consecuencias complejas de las tragedias serán las personas desaparecidas cuyos restos no puedan ser identificados. “Cuando hablemos de desaparecidos, estará una tumba sin nombre, que nunca se sabrá quién fue, lamentablemente”.

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Por Amenhotep Planas Raga

Nuestro editor es licenciado en comunicación social con maestrías en Televisión y en Ciencias de la Comunicación y doctorante en Ciencia Política. Filólogo y comunicólogo.

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