
Por Douglas Zabala
La captura de Maduro por fuerzas militares extranjeras y su posterior envío a un tribunal en Nueva York no solo marcaron el fin simbólico de un régimen, sino el colapso irreversible de una estructura de poder que por años sometió a Venezuela a una miseria tan despiadada como la represión impuesta para poderla mantener.
Ahora bien, el hecho político de mayor significación después de lo sucedido aquel 3 de enero ha sido el anuncio de la llegada al país de la dirigente opositora y presidenta de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional 2015, diputada Dinorah Figuera.
Mientras Maduro sigue enfrentando la justicia internacional, en Caracas ya se ha instalado una Mesa Interinstitucional que redefine el futuro de los venezolanos sin distinción de banderías políticas.
El reciente comunicado de la Asamblea Nacional no es un simple decreto; es el acta de defunción del gobierno encargado y el inicio de la reingeniería institucional que levantará el nuevo país.
Hojeando este comunicado, podemos observar el camino sin retorno hacia la Venezuela del futuro. Aquí no se habla de pactos o negociados para extender el agonizante gobierno de Delcy Rodríguez, sino de reconstruir el Estado.
Un nuevo Consejo Nacional Electoral, la devolución de los partidos opositores a las legítimas autoridades y el respeto a la libertad de expresión son los cimientos de la nueva realidad.
Washington, a través de John Barrett, está institucionalizando un proceso. Es la transición que todos esperábamos, salvo las destartaladas cúpulas del régimen, que todavía deambulan por los pasillos de Miraflores.
Hoy se redefine el tránsito institucional al que estamos obligados a cumplir, siempre y cuando no menoscaben nuestras libertades. Este es el paso intermedio y necesario. La captura de Maduro fue el quiebre a la persecución política; la instalación de esta Mesa Técnica es para reconstruir el camino electoral.
La oposición venezolana con María Corina al frente no necesita aparecer protagonizando la negociación institucional, impulsada, por lo demás, desde el manifiesto de Panamá, porque su lugar está al lado del pueblo, recorriendo cada rincón del país, para que en el futuro inmediato y en las urnas electorales ratifiquemos la victoria obtenida el 28 de julio de 2024.
La instalación de una mesa de diálogo es un primer paso como parte de una agenda de negociación. El respaldo de Estados Unidos a esta estrategia es la garantía de que las elecciones presidenciales se transformarán en una realidad en el nuevo panorama político del país.
Mantengámonos como lo decían nuestros firmantes del Acta de la Independencia: “Firmes, fuertes y constantes”. Respaldemos la institución del proceso hacia la transición democrática y estemos vigilantes ante los riesgos y obstáculos que tiene por delante la transición venezolana.
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