Por Douglas Zabala

En el día internacional de los pueblos indígenas

Según comenta nuestro historiador Juan Besson en su “Historia del Estado Zulia” que el conquistador Alonso de Ojeda zarpó el 20 de mayo de 1499 rumbo a nuestro continente y que después de 24 días de navegación arribó a doscientas leguas más al sur de donde había llegado Colón.  Estuvo en el Golfo de Paria, contemplando el Orinoco y el Esequibo.

Traigo estos comentarios a colación porque La Asamblea General de las Naciones Unidas, declaró como el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el 9 de agosto de 1994. Y precisamente el 9 de agosto de 1499 Ojeda estaba en el Cabo de San Román. Remontó este Cabo y entró al Golfo de Maracaibo, donde aguas adentro se consiguió con un caserío de indios, que desde lo lejos parecían bailar al son de los marullos

El 24 de agosto Ojeda peló los ojos asombrao al ver que este caserío tenía sus puentecitos y que las canoas cruzaban de casa en casa, como si fueran góndolas. De inmediato recordó a Venecia, y cuentan que, por ello, se terminó llamando a esta tierra Venezuela.  A Ojeda le llamó la atención la belleza de las indias del Coquivacoa hasta tal admiración que se enamoró locamente de una de ellas a la que llamó Isabel, aunque ella se llamaba “Palaira Jinnuu».

Nuestros indígenas al ver los buques llenos de aquellos hombres se refugiaron en sus casas y levantaron las tablas que tenían a manera de puentes, como para estar más seguros; pero cuando aún estaba Ojeda contemplando lo maravilloso del paisaje, llegaron del mar muchas canoas tripuladas por indios pescadores.  Y así entre asombros y temores comenzó la historia de este encuentro con el Coquivacoa.

No fue en esta Bahía, pero en aquellos mismos meses, en las islas del Caribe, sucedía el primer enfrentamiento violento. En los escritos dejados, por Fray Bartolomé de las Casas, titulado “Vida de Cristóbal Colón”, nos cuenta que, una vez descubiertas las primeras islas y cayos, sin haber pisado tierra firme, Colón regresa a España, no antes advertirles, a su gente que evitaran problemas con los indígenas.

“Sucedió entonces que, salidos en tierra, estaban entre unos árboles cincuenta y cinco indios, desnudos con sus cabellos muy largos, traían sus penachos de plumas, flechas y arcos. Aquellos indios se acercaron a la Barca, y la gente cristiana salió a tierra; comenzárosle a comprar arcos y flechas.

Vendidos dos arcos, no quisieron seguir vendiéndole, porque sospechaban que los españoles las estaban comprando para después darles con ellas. En ese instante, los indígenas intentan amarrar a los cristianos y se produce el primer enfrentamiento violento.

Viéndolos venir, los españoles respondieron, y con sus lanzas dieron sendas cuchilladas, alcanzando a uno de los indios en la nalga y a otro por el pecho. Esta fue la primera pelea que hubo en todas las indias, y donde se derramó sangre de indios, y es de creer que murió el de la saetada, y aun el de las nalgas desgarradas, no quedaría muy sano entre indios y cristianos”.

En sus “Cartas de Indias” el mismo Fray Bartolomé, daría cuenta de toda la tragedia vivida por nuestros primeros habitantes. Se ha estimado como después de esa primera trifulca, se iniciaría el conflicto que perduraría durante todo el período de la conquista europea, donde los indígenas del continente y por supuesto los del Coquivacoa pagaron con sangre el ser “descubiertos”.

Por Amenhotep Planas Raga

Nuestro editor es licenciado en comunicación social con maestrías en Televisión y en Ciencias de la Comunicación y doctorante en Ciencia Política. Filólogo y comunicólogo.

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