Tras la excarcelación de los policías metropolitanos, Rolando, Otoniel y Juan Guevara pasaron a ser los presos políticos más antiguos del país: tienen 21 años, seis meses y cuatro días esperando por su libertad, en medio de problemas de salud y condiciones carcelarias deplorables. La abogada Jackeline Sandoval, esposa de Rolando, recuerda que hay una sentencia pendiente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) que ordenó su libertad inmediata, pero el Ministerio Público aún mantiene esa revisión «en trámite»

El asesinato del fiscal Danilo Anderson el 18 de noviembre de 2004 por un atentado explosivo y la investigación de alto nivel que ordenaron entonces las autoridades arrasó con 21 años de la vida de Rolando, Otoniel y Juan Guevara. Tras la excarcelación de los policías metropolitanos, pasaron a ser considerados los «presos políticos más antiguos del país». Pese a los años transcurridos, y con una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) que los favorece, aún esperan por encontrarse con sus familias en libertad.

Rolando y Otoniel son hermanos, mientras que Juan es su primo. Eran funcionarios de la antigua Policía Técnica Judicial (hoy Cicpc) cuando fueron detenidos entre el 20 y 23 de noviembre de 2004 por el asesinato del fiscal Anderson. El 20 de diciembre de 2005, Rolando y Otoniel fueron sentenciados a 27 años de cárcel por el delito de «homicidio calificado con premeditación y alevosía», mientras que Juan fue condenado a 30 años de prisión por ese cargo y porte ilícito de armas.

Los «hermanos Guevara» estaban detenidos en la sede del Sebin El Helicoide, pero en agosto de 2025 fueron trasladados al Internado Judicial El Rodeo I, calificado por activistas de derechos humanos como un centro de máxima seguridad donde se cometen torturas.

En ese lugar, dice la abogada Jackeline Sandoval, esposa de Rolando, «anímicamente se encuentran bien, esperanzados en una pronta libertad y esperando justicia; aunque justicia tardía no es justicia, esperan obtener ese sagrado derecho a la libertad».

Desde su traslado, las condiciones de reclusión se endurecieron: permanecen incomunicados con sus familiares a excepción del día de visita, que son los sábados. Esa visita tiene una duración aproximada de 20 minutos, a través de un vidrio y por un telefóno, con un custodio al lado y donde solo un familiar puede ingresar.

Esto significa «que no puedes hablar libremente de todos los temas», explica la abogada. La comunicación directa pasa por tantas restricciones que, incluso, las cartas escritas que les entregan son revisadas primero por los funcionarios que «tachan lo que no quieren que tú les informes».

«Las fotocopian, no pasan las originales, les entregan las fotocopiadas con lo tachado, entonces la información a ellos nunca les llega completa», dice.

La salud de los hermanos Guevara

Lo que conoce Jackeline Sandoval de Juan y Otoniel se lo informan sus familiares. Sin embargo, como abogada se ocupa de las diligencias del caso. El miércoles 27 acudió al Servicio Nacional de Medicina Forense en Guarenas para que se verifiquen sus patologías.

El médico forense no estaba, así que quedó consignada la información y los exámenes que les han hecho en los últimos diez años de los que tienen conocimiento. Esto debido a que el servicio médico del Sebin, donde estuvieron recluidos los hermanos Guevara en los últimos 20 años, no les proporcionaba copias sobre los procedimientos, evaluaciones o el historial médico en ese lugar.

«Él (Rolando) tiene historial en el hospital militar, en el servicio médico del Sebin, pero a nosotros no nos entregan eso. No sabemos si se la hacen llegar al médico forense para hacer el peritaje respectivo. De hecho, Rolando me dijo el sábado pasado que lo había visto un médico que le hizo llenar hojas y hojas de lo que ha sido su historial médico en todos estos años. Le dijo que no le iba a cambiar el tratamiento, que es el mismo que tiene desde 2008 más o menos», señala.

Rolando, de 65 años, tiene una lesión calcificada en una arteria del corazón, hipertensión crónica, una hernia discal y problemas en ambas rodillas, lo que le causa dolor y dificultad al caminar. «En El Helicoide podía caminar y hacer algunos ejercicios para evitar que le doliera, pero en este momento tiene 23 horas sentado en el calabozo, tiene a lo mejor una media o una hora para caminar en el Rodeo como tal», denuncia Sandoval.

Otoniel, de 67 años, tiene problemas crónicos de gastroenteritis, que se ha mantenido a raya con tratamiento médico ordenado desde el Sebin. Juan Guevara tiene dos hernias, aunque a la familia nunca le dieron el diagnóstico por escrito, También tiene problemas de visión, pero los lentes correctivos que necesita para actividades como leer no se los han permitido.

«Nosotros hemos estado 21 años esperando que se hiciera justicia bajo el argumento inicial de que ellos son inocentes. Sabemos que no cometieron ningún delito, siempre hemos demostrado su inocencia y todas las violaciones que el Estado ha realizado en contra de ellos. Ahora (con las excarcelaciones) se abre un compás de esperanza, pero seguimos a la espera», destaca la abogada.

Pero en esa espera de verlos en libertad y en casa fallecieron los padres de Rolando y Otoniel. El pasado 19 de abril falleció el padre de Juan, aunque debido a esa incomunicación «él vino a enterarse casi una semana y media después del hecho porque pudo notificarse fue el día de visita.

«Su vida se está acabando poco a poco, ya no son unos muchachos. Ya mis hijos crecieron sin su padre al lado. Ellos llevan casi 22 años presos y mis hijos ya tienen 27 y 29 años. Han crecido y se han criado sin un padre. Es hora de que el gobierno tenga un mínimo de compasión con los presos políticos. Ellos piden perdón y olvido, nosotros pedimos de parte de ellos, no perdón, nosotros tenemos que perdonarlos a ellos de todo el mal que le han hecho a cientos y cientos de familias», expresa Sandoval.

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