Dr. José E. Pons B.
En medio de tanta opacidad, conviene separar los hechos: no estamos ante un levantamiento general de sanciones. Y esa diferencia importa. Según la información publicada, Estados Unidos retiró sus sanciones a Jorge Rodríguez y vinculó la decisión con el reconocimiento de un gobierno interino y con un plan de transición. Por otro lado, Suiza retiró a Marleny Contreras, esposa de Diosdado Cabello, y a Jorge Arreaza de una lista de bloqueo cautelar de bienes. Cabello, sin embargo, sigue sancionado por Estados Unidos.
Eso es lo que sabemos. Lo demás, que estas decisiones formen parte de una negociación más amplia, que busquen incentivar acuerdos o facilitar una salida política, ¿es posible? pero todavía no está demostrado. Por sí solas, no prueban que los Rodríguez, Cabello u otros vayan a abandonar el poder o el país. Tampoco equivalen a una amnistía ni ofrecen garantías de seguridad. En la política, un gesto puede ser una señal; no necesariamente una promesa.
Mientras las élites negocian, la gente espera respuestas a problemas mucho más urgentes: elecciones libres, salarios que alcancen, pago de prestaciones, una moneda que se devalúa a diario, alimentos cada vez más caros y servicios públicos colapsados. La red hospitalaria está en el suelo y los sectores petrolero, industrial y comercial siguen golpeados. Ese es el meollo de la vida cotidiana, no el lenguaje diplomático de la transición.
Pero la prioridad de las élites chavistas parece ser otra: negociar una transición gradual que les permita conservar poder, limitar la apertura y, si lo consideran necesario, mantener la presión y la persecución. La pregunta es inevitable: ¿qué garantías, ¿si las hay?, tienen de que esa violencia no contará con el aval de Marco Rubio y su entorno? La opacidad impide afirmarlo, pero también impide descartarlo.
En las próximas semanas deberían aparecer señales concretas. No basta con anunciar que “habrá elecciones”. Hace falta una fecha y un calendario público; reglas claras para competir; habilitación de dirigentes; inscripción de partidos; garantías para hacer campaña y observación independiente. La señal más sólida sería un paquete coherente: calendario electoral, participación real, instituciones renovadas y liberaciones sostenidas.
Si solo, llegan anuncios y gestos aislados, lo más probable es una negociación lenta, provechosa para algunas de las partes. ¿Para quién? Estados Unidos puede ser en su búsqueda de petróleo y estabilidad; el clan Rodríguez-Cabello, proteger sus intereses y permanecer el mayor tiempo posible; y ciertos oportunistas, acomodarse en cualquiera de los bandos. ¿Y el pueblo? Otra vez, como coartada y como víctima.
Mensaje final para todos los integrantes de las negociaciones: Señor Trump por mucho que insiste e imponga, su mandato llegará a su fin, EE. UU tendrá que aceptar las nuevas autoridades electas en unas elecciones, y todo va cambiar. Dinora y su pandilla siniestra, como aparecieron de la nada, así, el pueblo apenas los recordara. El chavismo aparentemente victorioso, se irán a disfrutar de sus riquezas, el alacranato sin lugar y sin tiempo, los demás hasta el final hacia la Venezuela grande con María Corina Machado, aunque no les guste.
Dr. JOSE ERNESTO PONS B/ @JosePonsB / No somos eternos, “los imperios tienen fecha de caducidad”

