Un informe realizado por 146 investigadores, donde se evaluaron 54 indicadores, reveló que el calor extremo y las sequías aumentaron considerablemente el número de muertes al año.

Pese a la acción climática, los daños producidos por el cambio climático sobre la salud superan ya a los intentos por frenarlo. Por eso, el calentamiento global debería abordarse como una emergencia sanitaria mundial en la que la salud centre las decisiones y los fondos de la lucha climática.

Esta es la conclusión recogida en el décimo informe «Lancet Countdown» sobre salud y cambio climático, elaborado por 146 investigadores de más de 100 instituciones académicas, liderados por el University College London (UCL) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Publicado en vísperas de la COP31, el documento señala que el impacto del cambio climático sobre la salud global resulta sustancialmente mayor en la década tras la firma del Acuerdo de París (2016-2025) que en la anterior (2006-2015).

«Los perjuicios del cambio climático sobre la salud avanzan más rápido que la respuesta mundial ante ellos. En muchos casos, se están acelerando», avisa Marina Romanello, directora ejecutiva del Lancet Countdown en el UCL.

Para el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, la evidencia es indiscutible: el cambio climático es una de las mayores amenazas para la salud a las que se enfrenta la humanidad. “Pero las soluciones están a nuestro alcance. Situando la salud en el centro de las políticas climáticas, podemos salvar millones de vidas, construir sociedades más resilentes y garantizar un futuro más saludable para todos», subraya.

El impacto en cifras

Tras analizar 54 indicadores, el informe cita las temperaturas extremas como uno de los más graves. Entre 2016-2023, el calor causó una media de 540.800 muertes anuales, 68% de ellas atribuible a la acción humana, y sumó casi 3 millones de muertes en esos siete años.

Solo en 2023, el calor causó la cifra récord de 710.000 de muertos.

El estrés térmico también afectó a la capacidad laboral: En 2025, la pérdida global de productividad representó 1,07 billones de dólares (0,91% del PIB mundial), castigando especialmente a Sudeste Asiático y África, y a la agricultura y la construcción, donde las actividades se realizan al aire libre.

El trabajo también alerta de la falta de agua: 51,8% de la superficie del planeta sufrió sequía extrema durante al menos un mes en 2025. Desde 2016, la superficie afectada por sequías ha crecido más de 700% más rápido que entre 2006 y 2015.

Además, desde 2003 80% del planeta ha visto alterada sus reservas de agua subterránea (43% hacia una desecación continua y 37% hacia una mayor humedad), lo qu pone en jaque la salud y la producción de alimentos.

Y mientras la sequía se extiende, otras zonas sufren inundaciones: entre 2016 y 2025, la lluvia extrema afectó anualmente a 17,2% del territorio (frente a 14,8% de la década previa), multiplicando el riesgo de corrimientos de tierra, inundaciones y enfermedades transmitidas por el agua.

Progreso insuficiente

Pese al deterioro ambiental, el informe reconoce progresos significativos derivados de la acción climática, pero lentos, escasos e irregulares y, por tanto, insuficientes.

En 2025, la inversión en energías limpias creció 7,2% hasta la cifra récord de 2,1 billones de dólares, superando ampliamente los 1,16 billones destinados a los combustibles fósiles. Así, la electricidad de origen renovable pasó de 5,5% del total en 2016 a 13,5% en 2023, una descarbonización progresiva que ha mejorado la calidad del aire y ha evitado unas 323 000 vidas anuales en al menos 77 países.

Asimismo, los sistemas de salud reforzaron su preparación: 56 Estados miembros de la OMS disponen ya de planes de adaptación al cambio climático, casi la mitad integra datos climáticos en sus sistemas de vigilancia epidemiológica. 75 países cuentan con sistemas de alerta temprana para eventos meteorológicos extremos, herramientas que han demostrado mitigar la letalidad.

Además, la legislación que vincula clima y salud se ha multiplicado por 50 desde el año 2000, y la financiación para la investigación sanitaria climática subió 655% entre 2016 y 2024.

Combustibles fósiles y futuro

Sin embargo, los combustibles fósiles continúan suministrando más de 80% de la energía mundial, cuya contaminación causa 2,73 millones de muertes anuales, y las emisiones globales alcanzaron un máximo histórico en 2024 (e irá a peor porque las 100 mayores petroleras y gasísticas planean superar en un 150% los niveles de producción compatibles con la meta de 1,5 °C hacia 2040).

Mientras, las subvenciones a los combustibles fósiles alcanzaron cifras históricas entre 2022 y 2024; de hecho, 10 naciones gastaron en 2024 más en subsidiar fósiles que en sus sistemas de salud, advierte el estudio.

Por ello, el informe reclama abordar el cambio climático como una emergencia sanitaria, llevar a cabo reducciones urgentes y equitativas de las emisiones, mantener una inversión sostenida en investigación científica y que los fondos para la salud se entreguen como subvenciones a fondo perdido para garantizar que todos los países puedan adaptarse sin endeudarse más.

Para Alfredo Broges, de la FAI

Para el presidente de la Federación Ambientalista Internacional, Alfredo Borges, todos los llamados a la protección del Ambiente tienen que ser respaldados por ser un problema de orden social y eco-ambiental que va más allá de la propia naturaleza, es decir, hay que abordar la salud mental formando nuevas generaciones con criterios a favor de la vida.

Con información de EFE – Noti/Imágenes

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