El anuncio del mandatario choca con la disminución del paso comercial por la zona y las consecuencias del bloqueo

El presidente estadounidense Donald Trump insistió en que Washington mantiene el dominio absoluto sobre una de las rutas marítimas más transitadas del planeta para el comercio de hidrocarburos, a pesar de que la realidad operativa en la zona demuestra exactamente lo contrario.

En medio de tensiones reportadas por medios internacionales sobre negociaciones de alto el fuego y fricciones directas con Teherán, la administración estadounidense intenta proyectar una imagen de poderío naval que choca con la pérdida real de operatividad en la vía.

La narrativa oficial contrasta radicalmente con los movimientos de Irán, país que sostiene un dominio efectivo sobre gran parte del canal y que, en estrecha coordinación con Omán, avanza en la implementación de un sistema soberano de control y peajes. Mientras la Casa Blanca asegura garantizar el libre tránsito comercial, los datos de tráfico demuestran un escenario de alta vulnerabilidad para los buques mercantes que intentan cruzar el paso estratégico.

La retórica oficial frente a la realidad operativa

Para respaldar su postura, el mandatario republicano recurrió a sus redes sociales para autoproclamar el dominio total de Washington sobre la región geográfica, desatendiendo las advertencias sobre la imposibilidad de asegurar la zona de manera indefinida.

«EE.UU. tiene control total sobre el estrecho de Ormuz. ¡Creo que lo vamos a mantener! Nuestro bloqueo naval está siendo llamado por todos ‘un muro de acero’, y no hay nada que Irán pueda hacer al respecto», escribió Trump en su cuenta de Truth Social, reafirmando públicamente que la armada norteamericana domina el área bajo una supuesta protección impenetrable.

No obstante, las cifras oficiales y los reportes de inteligencia refutan por completo las afirmaciones de la Casa Blanca. Los registros de envío de crudo revelan que los volúmenes de petróleo transportados a través del estrecho de Ormuz se desplomaron 4,4 veces, hundiéndose hasta los 4,9 millones de barriles diarios como consecuencia directa de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero.

Impacto económico y divergencias estratégicas

El colapso en el flujo de los barcos petroleros repercute de forma inmediata en la economía doméstica estadounidense, donde los ciudadanos sufren el encarecimiento desmedido de los combustibles y de los alimentos debido a la crisis energética desatada por el conflicto.

Las divergencias entre el discurso triunfalista de la administración y la realidad de los mercados petroleros mantienen los precios del crudo en constante ascenso ante el temor de un desabastecimiento prolongado.

Paralelamente, coberturas recientes del portal Axios detallan las profundas contradicciones internas en Washington, donde la Casa Blanca oscila erráticamente entre planificar ofensivas mayores contra la infraestructura energética iraní y buscar acuerdos provisionales de alto el fuego impulsados por mediadores regionales.

Las acciones intermitentes de Teherán y el limitado paso por el canal confirman que la anunciada hegemonía estadounidense en el estrecho responde más a la propaganda política que a una seguridad marítima efectiva.

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